Hong Kong style

Cada vez entiendo menos los asfaltos y los andamios infinitos, aunque sean de bamboo.

Hong Kong es Londres, es Nueva York, es ojos rasgados y todo mezclado. Ni un centímetro en blanco, ni un metro para uno solo.

Tráfico de taxis rojos de noche. Un goteo sucio y frío que cae desde lo alto de los aires acondicionados.

Consumo desaforado para ricos. Qué lástima no serlo. Qué fortuna saber que, de serlo, no sería en esto en lo que gastaría mis esfuerzos.

El pueblo de mi padre

Hubo un anuncio de Renault en el que un muchacho conducía su Clio acompañado de un copiloto peligroso, el mono de la ballesta.

Yiwu está lleno ellos, de monos con ballesta y pingüinos con dinamita.

Pero también hay niños y putas, fábricas y obreros, bicis y coches millonarios, dumplings y tallarines, un calor de mil demonios y una contaminación a la altura.

Aquí nuestro clan resulta tan extraño para los lugareños como lo es un oso panda para nosotros.

Interferencias

Navegar por los mares de China está siendo más complicado de lo que pensaba.

No hay cobertura, no hay acceso a las páginas de Internet que puedan guardar el más mínimo interés, y por supuesto no puedo actualizar el blog.

Ahora desde Hong Kong el tiempo cunde poco.

Ya recogeré las experiencias de estos vientos.

Pirata en puerto



Agua estancada.

Pasos de libélula.

Almendro en invierno.

Canción desafinada.

Por fin un sampán,
a los mares de China.