Antes de venir a Colombia, lo que yo sabía de esta urbe era que:Medellín era la casa de Pablo Escobar.
Medellín fue declarada la ciudad más peligrosa del mundo.
Medellín era narcotráfico, guerrilla y paramilitares.
Medellín era un lugar en el que todas las niñas querían operarse las tetas (porque sin ellas no hay paraíso). Y de hecho, casi todas lo hacían, con el dinero de papá, el de sus maridos, o el del traqueto (narco) de turno que quisiera pagárselas a cambio de polvos.
Pero resulta que las cosas cambian, y en el mundo no nos hemos enterado:
Medellín es la capital del departamento de Antioquia.
Medellín es la ciudad de la eterna primavera.
Medellín es la única ciudad de Colombia que tiene metro (no subterráneo).
Medellín es la meca de la cirugía, no sólo estética, sino también la de transplantes.
Medellín es tierra de paisas (gentilicio familiar del antioqueño). Gente, por cierto, mucho más simpática que los rolos o cachacos de Bogotá (gentilicios del bogotano). Tienen el acento más agradable, y sobre todo las miradas más sinceras.
Medellín es una ciudad que no olvida la época violenta (porque todos quedaron amputados en esta guerra), pero que siente orgullo de sí misma, y que quiere salir adelante.
Medellín es una ciudad donde el 40% de los impuestos del año pasado se dedicaron a educación.
Medellín ha hecho obligatoria la presencia de obras de arte (murales, esculturas, etc.) en cada infraestructura pública.
Medellín ha construido un metro-cable (teleférico) que ha cambiado la vida de la gente que vive en las colinas. Ahora esas microciudades de chabolas que suben y bajan como las montañas de arcilla sobre las que se encuentran, están conectadas con el mundo.
Medellín es también la cuna de artistas como Fernando Botero, o Juanes.
Las comparaciones son peligrosas, pero la analogía me parece apropiada.
Si Bogotá es el Madrid colombiano, Medellín es la Barcelona de este país.
Como dicen los anglófonos for what it’s worth (algo así como un: ahí lo dejo para que conste) soy madrileña y adoro mi ciudad, y por otro lado soy una absoluta enamorada de Barcelona; y por supuesto se trata de una comparación puramente ilustrativa, porque poco tienen que ver las ciudades españolas con las colombianas.
Me explico. Bogotá es la capital, y sus habitantes, venidos de todas partes del país, sobreviven como pueden a la locura capitalina.
Su carácter es cerrado, son fríos e hipócritas; y sienten una especie de rancia superioridad. Culpable, supongo, de que en el resto del país se haga burla del bogotano.
Medellín es la segunda ciudad en importancia en el país. Es, sin embargo, la que ha desarrollado con mayor ahínco la industria, sobre todo la textil. Son gente emprendedora.
El clima en Medellín es más suave, y por eso la vida hierve en sus calles. Medellín es nacionalista, y los paisas son paisas con orgullo.



2 comentarios:
Yo ya tenía algunos amigos "paisas" que me hablaban con orgullo de la transformación de Medellín. Y me parece que se te han pasado dos datos para mí muy importantes; tiene una de las mejores ferias taurinas de toda sudamérica (la de la Macarena) con una excelente afición.
Ha dado a Colombia los alcaldes más curiosos y transformadores de los últimos años, algunos de ellos con importantes papeles en la política nacional (el mismo Uribe por ejemplo).
Ya sé que son cosas en las que tú no te fijas, pero por ampliar la entrada, digo.
Luis
No me fijo pero me encanta que tú me las cuentes!
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