Bogotá, me voy
Publicado por amaranta en miércoles, octubre 01, 2008 0 comentarios
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Last dance

Un mail con un "¿aún estoy a tiempo?", y al día siguiente una gran noticia: Ainaratxo me visita en mi recta final. Con ella me despediré del Caribe, de las visitas, de ciertos paseos... Y poco después de Bogotá, pero sobre todo de Colombia.
Publicado por amaranta en viernes, septiembre 19, 2008 1 comentarios
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Carlos y Ricardo
Publicado por amaranta en viernes, septiembre 19, 2008 0 comentarios
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La señora de la Rioja
Publicado por amaranta en jueves, septiembre 18, 2008 1 comentarios
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La ventana indiscreta
Publicado por amaranta en viernes, septiembre 12, 2008 0 comentarios
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Hipo
Mis dosis de picor a lo largo de este año han sido prolongadas e intensas. Tanto viaje por lugar exótico no podía quedar sin castigo. El peor de todos, cuando, no se sabe bien cómo ("pues hija, en el teatro, en el transmilenio, en la calle, en un restaurante" me dijo el veterinario), las pulgas humanas se apoderaron de mi casa y de mi cuerpo. Pero después de varios chutes de antihistamínicos (orales e inyectados de urgencia), después de desmontar toda la casa, fumigarla , de mandar todo a la tintorería para que se lavara en agua caliente y se planchara con mucho mimo, después de desparasitar al perro (al que por cierto culpé con rabia, y resultó que no sólo no era el culpable, sino que además las pulgas no mostraron el más mínimo interés por él), después de volver a montar la casa, rezar para que no quedaran huevas, y seguir echando liquiditos por todas partes; finalmente, desaparecieron.
Sin embargo, el hipo me persigue desde que llegué, y sospecho que a estas alturas no me abandonará. La teoría me la sé... que si son contracciones involuntarias del diafragma, que si por comer rápido, que si por comer despacio, que si por esto; que si bebes sorbitos cortos se te va, que si te tomas esta otra cosa se te quita también... ¡Y una mierda! El hipo aparece casi después de cada una de mis comidas, un hipo de esos que no te anulan, y sin embargo se quedan contigo lo suficiente para sacarte de quicio. Para más calvario, para cuando se me quita, me dan las ganas de fumar el cigarro que no he podido disfrutar por culpa del hipo, pero, nada más darle la primera calada, con el mechero aún encendido, de mis entrañas salta un "hip", y mis ánimos vuelven a desmoronarse.
Publicado por amaranta en miércoles, septiembre 03, 2008 4 comentarios
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Atardece
Publicado por amaranta en martes, septiembre 02, 2008 0 comentarios
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Relax
Publicado por amaranta en domingo, agosto 24, 2008 0 comentarios
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De paseo por Botero
Pero, insisto, son muchos mis héroes y heroínas literarios, musicales, también plásticos, audiovisuales, y últimamente, incluso la danza tiene una capillita en mi catedral de santos propios.
Otro colombiano que siempre ha llamado mucho mi atención es el Maestro, Fernando Botero. Ya en una ocasión mencioné que conocer algo no significa haberlo descubierto. Yo no sé si conocía o no la obra de Fernando Botero, pero recuerdo claramente la impresión que me causaron sus esculturas esparcidas por el paseo de la Castellana en Madrid. Mujeres desnudas, manos, caballos, senos descomunales y al tiempo proporcionados, carnes exageradas, formas infladas, y sobre todo un sello inconfundible. Aquella mañana sucumbí a la volumetría.
Entonces me interesé un poco más por aquel artista del que yo no sabía más que las sensaciones que me habían causado sus esculturas. Averigué, y a lo largo de mi año en Colombia he seguido averiguando, y lo cierto es que si bien el Maestro no ocupa en mi jerarquía plástica la posición homóloga a la de Gabo (que además, repito, es rey de reyes en mi adoración subjetiva), sí que tiene un hueco propio en lo que soy.
Fernando Botero nació en Medellín, y allí pasó sus primeros dieciocho años de vida. Me gusta contar esto porque explica un poco esta debilidad mía por los artistas latinoamericanos del siglo XX (sobre todo los plásticos), y es que, el Prado, por ejemplo, está a tan sólo unos minutos de mi casa de Madrid y antes de los quince lo había visitado infinidad de veces; pero los grandes museos, las grandes obras, la democratización de la cultura, hoy sigue siendo una meta en gran parte de América Latina, y no digamos en los años cincuenta, cuando aquel muchachito apellidado Botero demostraba desde hacía años una enorme vocación y habilidad artísticas sin haber tenido enfrente un Velazquez, por ejemplo, más que por alguna reproducción.
Aquel muchacho que empezó a pintar a los quince, a los dieciocho dejó la escuela porque sabía lo que quería: pintar; apenas un año más tarde, en 1951, con diecinueve años, presenta su primera exposición individual en Bogotá. El chico tenía talento, y sólo cinco años después lo demostró con creces. Realizó la salida típica del artista sudamericano, un viaje de conocimiento por Europa para ver y aprender. Y en Florencia descubrió su camino: el interés exagerado por el volúmen, la búsqueda del barroco reinterpretado, la expresión del costumbrismo o de la más cruda realidad socio-política bajo su sello.
Pero fue en México cuando de pronto, pintando una naturaleza muerta descubrió que acababa de terminar su primera verdadera creación. Aquel día el joven Fernando Botero se ganó la entrada directa en la Historia del Arte, la Historia de la gente que ha tenido personalidad.
Publicado por amaranta en sábado, agosto 23, 2008 0 comentarios
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Con la cruz a cuestas


Publicado por amaranta en lunes, julio 28, 2008 0 comentarios
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Buscarse la vida en el centro

Publicado por amaranta en domingo, julio 27, 2008 3 comentarios
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Limpiabotas
Con estos tres limpiabotas, se inaugura una nueva sección del blog: Personajes.
Esta vez, para captar la esencia de algunos clásicos bogotanos, Albert y yo nos echamos a la calle. Él con su grabadora y su labia; yo con mi cámara y mi mirada.


Publicado por amaranta en domingo, julio 27, 2008 0 comentarios
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Sentimiento patrio
Letra: Rafael Núñez.
Música: Oreste Sindici.
¡Oh gloria inmarcesible!
¡Oh júbilo inmortal!
¡En surcos de dolores
El bien germina ya.
Cesó la horrible noche
La libertad sublime
Derrama las auroras
De su invencible luz.
La humanidad entera,
Que entre cadenas gime,
Comprende las palabras
Del que murió en la cruz
"Independencia" grita
El mundo americano:
Se baña en sangre de héroes
La tierra de Colón.
Pero este gran principio: "el rey no es soberano"
Resuena, Y los que sufren
Bendicen su pasión.
Del Orinoco el cauce
Se colma de despojos,
De sangre y llanto un río Se mira allí correr.
En Bárbula no saben
Las almas ni los ojos
Si admiración o espanto
Sentir o padecer.
A orillas del Caribe
Hambriento un pueblo lucha
Horrores prefiriendo
A pérfida salud.
!Oh, sí¡ de Cartagena
La abnegación es mucha,
Y escombros de la muerte
desprecian su virtud.
De Boyacá en los campos
El genio de la gloria
Con cada espiga un héroe
invicto coronó.
Soldados sin coraza
Ganaron la victoria;
Su varonil aliento
De escudo les sirvió.
Bolívar cruza el Ande Que riega dos océanos
Espadas cual centellas
Fulguran en Junín.
Centauros indomables
Descienden a los llanos
Y empieza a presentirse
De la epopeya el fin.
La trompa victoriosa
Que en Ayacucho truena
En cada triunfo crece
Su formidable són.
En su expansivo empuje
La libertad se estrena,
Del cielo Americano
Formando un pabellón.
La Virgen sus cabellos
Arranca en agonía
Y de su amor viuda
Los cuelga del ciprés.
Lamenta su esperanza
Que cubre losa fría;
Pero glorioso orgullo
circunda su alba tez.
La Patria así se forma
Termópilas brotando;
Constelación de cíclopes Su noche iluminó;
La flor estremecida
Mortal el viento hallando
Debajo los laureles
Seguridad buscó
Mas no es completa gloria Vencer en la batalla,
Que al brazo que combate Lo anima la verdad.
La independencia sola
El gran clamor no acalla:
Si el sol alumbra a todos
Justicia es libertad.
Del hombre los derechos
Nariño predicando,
El alma de la lucha
Profético enseñó.
Ricaurte en San Mateo
En átomos volando
"Deber antes que vida",
Con llamas escribió.
Publicado por amaranta en viernes, julio 25, 2008 2 comentarios
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La matriarca
Las mujeres, por lo general, barremos para casa. Así que la familia de tu madre, y la de tu padre, no son lo mismo. Aunque quizás mi caso sea más acusado que otros por las circunstancias geográficas de la familia de mi padre. Pero, en cualquier caso, yo adoro el concepto de la matriarca, y por lo tanto, para mí, no es lo mismo ser hija de una hija de mi abuela, que ser hija de un hijo de mi otra abuela. Aunque suene raro, me parece que los hijos son más de la familia de la madre que de la del padre, en el sentido de que, por lo general es ésta quien más tiempo dedica al cuidado de los hijos, y en consecuencia, será con la familia de la madre con quien más tiempo pasen esos niños.
Bueno, pues dicho lo dicho, esta es mi pequeña sociedad matriarcal:
(de izquierda a derecha: mi preciosa madre, mi fabulosa abuela, mi adorable tía Nani, mi queridísima madrina;y en primera línea, mi prima Elena)
(de izquiera a derecha: Camino, hija de Belén; Lucía, hija de Lourdes; Elena, hija de Elena) Pero como la mía, es una sociedad exclusiva, lo que pasó, lo que nos contamos, lo que hicimos y lo que sentimos, es algo que sólo puedo compartir con las mujeres que nacieron del vientre de mi abuela, y las que después nacimos del vientre de esas mujeres.
Cami, Ele, ¡gracias!
The Red Readys, One Headlight
Publicado por amaranta en miércoles, julio 23, 2008 3 comentarios
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El día de la marmota
Lo he comentado en varias ocasiones, pero me tiene tan sugestionada el concepto, que no me cansaré de explicarlo.
En Bogotá es otoño todo el año. Y es que, dada la ubicación de este territorio, eso de las estaciones (primavera, verano, otoño, invierno) que los europeos asociamos con tanta naturalidad al paso del tiempo, aquí no sirve para diferenciar periodos. Al contrario, en Colombia es otoño, invierno, primavera y verano todo el año.
¿Cómo? Pues sí, las estaciones son constantes a lo largo del año, y a lo largo de la eternidad porque apenas se distinguen las épocas de lluvias de las secas. Pero en lugar de distribuirse en el tiempo, se acomodan en una altura. Pisos térmicos se llama, y viene a decir que al nivel del mar es siempre verano, un poco más arriba es primavera, otro poco más es otoño, y por último en los picos más altos es siempre invierno y siempre están nevados.
A mí el concepto me parece curioso (aunque se me haría más divertido si disfrutara de la eterna primavera), y me sigue pareciendo fantástico el hecho de que cada viaje que hago me transporte al calor, porque apenas a dos horas de Bogotá un calor que parece venido del centro de la tierra lo envuelve a uno.
Sin embargo, vivo en Bogotá (aka. La Nevera). Llegué el 5 de octubre, cuando en España comenzaba el otoño, de forma que la transición climática siguió mi ciclo natural. Los meses han ido pasando, y con más o menos lluvia (siempre demasiada para alguien que ha crecido en la meseta central), unos pocos grados más o menos, todo sigue igual que entonces. Sigue siendo octubre en mi mente. La misma ropa, el mismo edredón sobre la cama, y la misma luz gris y triste que me dio la bienvenida.
Qué maravilloso espectáculo ver cómo Madrid se transforma con el paso de los meses. La sola luz que la ilumina llena de matices temporales cada rincón. En Bogotá esto no sucede. Todo es constante: la salida y caída del sol siempre a la misma hora, o la amenaza de las nubes tras los cerros casi siempre a la misma hora, los domingos en el parque, las pocas ganas de estar en la calle porque hace frío, el verano sin calor ni vacaciones. Lo cierto es que la sensación es muy extraña. Parece que los días no se sucedieran unos a otros, sino que se repitieran de forma insoportablemente infinita.
Para más continuidad, regreso a España el último día de septiembre, para dar la bienvenida al otoño, de nuevo.
Gracias, Rafa, por encontrar el video que ilustra mis días de la marmota.
Publicado por amaranta en martes, julio 22, 2008 4 comentarios
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Tierra caliente
Un clásico bogotano, pasar el fin de semana fuera de la ciudad, y en tierra caliente.
Esta vez: Girardot.
Publicado por amaranta en lunes, julio 14, 2008 0 comentarios
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Ay, qué pena...
Después de vivir durante nueve meses en este destino infame, y sabiendo que quedan sólo tres más por delante, he decidido acogerme al hecho de estar viviendo mi tercera edad bogotana. Como en una sucesión de vidas y reencarnaciones siempre humanas (por cierto, debí portarme muy mal en la anterior).
Así que, como también estoy de vuelta de todo, y lo único que quiero es dejarme dormir hasta despertar de nuevo en Madrid. Creo que tengo el derecho, igual que los viejos, a despotricar todo lo que se me antoje.Para mí la pena es una cosa de tristeza. Y gracias a los culebrones, sabía que en estas tierras, venía a ser la “vergüenza”. Pero estaba equivocada, porque como resulta que son unos desvergonzados, pues el “qué pena” se traduce en realidad por una mera fórmula lingüística carente de significado. Una fórmula mágica, a lo abracadabra, que soluciona cualquier cagada. Así, en Colombia, todo se da por zanjado poniendo cara de imbécil y murmurando “qué pena...”.
Si la camarera te trae un plato que nada tiene que ver con lo que pediste, con un “qué pena”, lo ha solucionado.
Si la tintorería no te devuelve ni tus sábanas ni tus toallas el día en que habíais quedado en ello, y tú te tienes que ir de refugiada a casa de un amigo sin noticias del tintorero. No pasa nada, porque tres días después él te dice partiéndose el culo de ti “qué pena con usted, señora Lucía”, y ya está. ¡Cómo vas a seguir enfadada?
Si la esteticien que te depila es una inepta, te arranca la piel a tiras, y te deja toda ensangrentada: “qué pena”.
Si te tiran un café encima, con un “qué pena”, aunque sea dicho desde la mayor hipocresía, también queda resuelto.
Si te empujan; ah no, si te empujan ni siquiera se disculpan.
Si te pierden las maletas: “qué pena”.
Y, en general, “qué pena” se escucha después de cada interacción con un nativo; porque como todo lo hacen mal, pues después: “qué pena”, y listo.
Pues yo, estoy harta: del “qué pena", de la incompetencia, y de la cortedad mental.
Estoy harta de tener conversaciones simples que se enredan hasta límites dantescos.
Estoy harta de la hipocresía, los morritos en los labios, y las formalidades carentes de significado.
No sólo me cabrea la forma que tienen los colombianos de hablar el español (que no se malentienda, hablo del español de calle, no el de las obras literarias, que las hay muy grandes); lo que más me enciende es el fondo detrás de ese español: retorcido y vacío.
Pues sí, estoy hasta los huevos. Como los viejos, que están siempre gruñendo por todo. Y con toda la razón.
La pena, a la española esta vez, es que todavía me tengo que aguantar con los dientes apretados hasta que me vaya.
O no... Total, después les digo “qué pena” y todo solucionado.
Foto: asoftblackstar
Publicado por amaranta en martes, julio 08, 2008 5 comentarios
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Farándula
El mundo de la farándula se ha convertido en una piñata de monstruos. No hablo de Colombia, sino de España también.
La tontería que tienen por estas tierras con las reinas de belleza (aquí hay misses para todo: cosechas, estaciones inexistentes, la reina del sol, de la noche, de la palmera, del café, de todas y cada una de las localidades del país...), la tontería que tienen con los actores de telenovela, y en general, la tontería que tienen con cualquiera que salga en la tele o una revista, los convierte a todos en dioses idolatrados por el vulgo.
Bueno, pues uno de estos habitantes del Olimpo es Norberto, el peluquero mayor del reino. ¿Os recuerda a alguien?

Seguro que ahora muchos entenderán mi obsesión por no querer convertirme en la Reina del Culebrón. Yo no me corto el pelo hasta que vuelva a mi casa.
Publicado por amaranta en martes, junio 17, 2008 6 comentarios
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¿Cómo se llamarán?
Imaginad que os llega un mail firmado por Yovany, Heiddy, Maritza, Diosa, Jeiver, Yazmin, o nuestro favorito: Usnavi. O que conocéis a alguien en un bar y resulta que se llama: Astrid (pero con acento en la i), Brisna Neira, Edwing, Eliana, Elysie, Jairo, Jhon o Yon, Martha, Mélida, Narda, o Plinio. Son sólo algunos ejemplos que han provocado risas y en ocasiones carcajadas entre los españoletes (denominación de origen por la que nos conocen por aquí).
Y, en medio de esta fascinación mía por las rarezas, me encuentro con un artículo fantástico, escrito por un colombiano:
"Yo había oído acerca de colombianos de las nuevas generaciones que fueron bautizados por sus padres con nombres extranjeros similares a Usnavy (que traduce Armada de Estados Unidos) o Westinghouse (conocida marca de electrodomésticos). Me pareció divertido, pero nunca lo tomé en serio. Ahora, cuando buscaba otra cosa, he podido conocer las listas de inmigrantes colombianos a España y descubrí que, al lado de los nombrecitos que se han tomado por asalto la vida real, Usnavy y Westinghouse parecen personajes del Quijote.
De pura verdad: se está cometiendo un cataclismo con los onomásticos colombianos. Influidos por la televisión y la prensa, mis compatriotas se han dedicado a nombrar a sus hijos y nietos con una ensalada de inventos angloides, nombres extranjeros mal copiados, ensamblajes de letras de apariencia foránea (X, Y, W, H intermedia, K) e insólitos homenajes a figuras efímeras de reinados de belleza y el mundo del deporte.
El resultado parece gracioso –y lo es– pero también es triste. Un mal entendido afán modernista impulsa a estos despistados padres a castigar a sus pobres hijos con nombres absurdos que, a la postre, les complican la vida, los ridiculizan y atascan los computadores: si hubo que reducir en el alfabeto castellano la ll y la ch por mandato de la informática, imagínense los extravíos y dificultades que presentarán estos nombres de ortografía peculiarísima, caprichosa y variable. Una Y que le falte o le sobre a Yesmystania y dejará de figurar para siempre en el censo.
Algunos ejemplos (mis favoritos resaltados):
Alterego (digno de cita con Freud)
Ardexon
Bressman
Davir Estiuar (con esta ortografía)
Dioseidi
Doriangrei (si Óscar Wilde viviera, no habría permitido que el personaje del famoso retrato se usara para golpear así a alguien)
Dubermay
Edimerki (homenaje a un ciclista europeo que nunca lo supo)
Elimec
Eisenjouer (¡Eijueldiablo!)
Espidy (sí, como Speedy González, el ratón de dibujos animados)
Exenover
Frankeinelty
Gislayner
Guiller Norvairon (menos mal es compuesto)
Haroleder (como don Harold, que era de apellido Eder)
Howard (pero, como es apelativo extranjero, le dicen por el segundo nombre: Navitfagith)
Jarley Estiven
Jhovainer
Jedhiar Nei (el irresistible encanto de las haches intermedias)
Kipler Fenerson
Parsifal (¡lo que puede un padre aficionado a la ópera!)
Quillerkid (en inglés, Niño Asesino)
Rasmilly
Resembrin
Seudix
Tiamefred
Venezolan
Wasminton
Willisford (dos marcas de automóvil distintas, una sola persona verdadera)
Wolkman (podría haber sido Hi Fi, o Equipodesonido, si el bebé hubiera sido un poco más grande)
Yilton
Yujad Alexis
Yuryin Albrin
No se rían. Asistimos a una devastación cultural. Una lengua no está compuesta solo de verbos, artículos, pronombres, conjunciones, proposiciones, adverbios y sustantivos comunes, sino también de sustantivos propios. De nombres. Pregúntenle a un novelista y les dirá hasta qué punto sufre un escritor para procurar a sus personajes nombres creíbles, reveladores, sonoros. Al tolerar el estallido de Yorfadys, Excimireys, Jonjilmeres y demás (todos los anteriores, insisto, son nombres de colombianos que viven en España), se está atentando contra la textura cultural, el espíritu, la estirpe y el casticismo de nuestra lengua.
Algunos países exigen que todo niño que se registre lleve un nombre propio de su idioma (antes, la Iglesia pedía un nombre del santoral, pero proliferaron los Ciriacos, Basilisas y Anastasias). Colombia debería estudiar alguna medida para racionalizar los nombres que portarán esos niños que han de ser el futuro de la patria, gloria misión contra la cual conspira la onomástica extranjerizante.
La libertad de los padres no puede llegar hasta el punto de descargar sobre sus vástagos semejantes gracias. Una cosa es nombrar un hijo, y otra es la afición a jugar con letras y palabras: que saquen crucigramas, hombre, o que aprendan Boggle, pero que no conspiren contra los indefensos muchachitos. Así como les está prohibido a los taitas apuñalar la oreja de un hijo por razones religiosas, sin que eso se entienda como un atentado contra la libertad de la familia, también debería estarles prohibido apuñalar el patrimonio espiritual del guámbito con un Wasminton, una Idirley o una Mitzidiane.
Entre una pequeña restricción destinada a defender los nombres castellanos y el formidable atropello que se perpetra contra la tradición, la prosodia y la fonética de nuestros nombres, es menos grave aquella."
Artículo: "Postre de Notas: ¿Dónde se metió Erialeth?", Daniel Samper Pizano.
Publicado por amaranta en martes, junio 17, 2008 2 comentarios
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Sentido común
Reconozco que soy una ferviente admiradora de algo tan rancio como las normas de educación. Me fascinan los registros, tanto lingüísticos, como comportamentales.Dejad salir antes de entrar, coño.
Publicado por amaranta en jueves, junio 12, 2008 4 comentarios
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