BS Marzo 08
Publicado por amaranta en lunes, marzo 31, 2008 0 comentarios
Etiquetas: bandasonora, catalejo
Madrizleños
¡Madrid, en cero coma estoy ahí!
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1. Madrileño: dícese de aquel que nace, vive o tapea (que eso sí es vivir) en la región de Madriz, sin discriminación de raza, sexo, religión o signo del Rh.
2. Uno es de Madriz, sea de donde sea, dentro de la Comunidad de Madriz. Ya, ya sabemos que si eres de Hospitalet no eres de Barcelona. Pero aquí eres de Madriz tanto si naces en Guadalix de la Sierra como si vives en Móstoles. Eres de Madriz y punto.
3. Debido al anterior punto, la expresión "ir al pueblo" no es una frase despreciativa tintada de centralismo. El significado es "irse de vacaciones o pasar un fin de semana en el lugar de procedencia de la familia". Aunque tú sigas siendo de Madriz, tus padres y hermanos pueden ser de cualquier otro sitio.
4. Es AB-SO-LU-TA-MEN-TE falso que Madriz no tenga playa. Si no, visitad Torre-vieja o Benidorm cualquier verano o puente.
5. La expresión "está ahí al lado" se traduce por "está a 20 minutos en coche o 45 andando". Pero, bueno, ¿tú sabes lo grande que es Madriz? ¿No te digo que la playa la tenemos en Benidorm?
6. Cuando vamos de visita a vuestras encantadoras ciudades y os preguntamos si el chorizo que estamos comiendo es de matanza cuando en realidad es Campofrío, no hagáis chistes sobre el asunto. Ya nos gustaría veros a vosotros en el metro.
7. Se pongan como se pongan los bilbaí-nos, el metro de Madriz es el más bonito de España. (Los vagones pintados por los gra-fiteros son puro arte urbano de vanguardia.)
8. En Madriz, Ruiz Gallardón es el Bueno. Barranco es el Malo. Y Feo no hay, porque en Madriz somos todos muy guapos.
9. No critiques a los madrileños acu-sándolos de que se van todos los fines de semana de la ciudad porque no la aguantan. No, los que se van los fines de semana son los que no son Madriz y vuelven a su casa. Los madrileños salimos en puente; los dos días del fin de semana no nos dan para alcanzar los confines de Madriz y volver.
10. Un madrileño de verdad se come las preposiciones al decir los nombres de los lugares de la capital. No: “Quedé en la Plaza de Castilla", sino: “Quedé en PlazaCastilla". No: “Voy al Puente de Segovia", sino: “Voy al PuenteSegovia".
11. Nota mínima de camuflaje: practica el leísmo y el laísmo. Es difícil, pero es la úni-ca manera de parecer de Madriz o de cerca de Madriz. "No le hay", "ya se le di", “la dije que viniera", “la compré unas flores" son expresiones con las que nadie te mirará raro en Madriz.
12. Al madrileño le gusta conducir. No es que todos tengan coche, ni carnet, ni mucho menos un BMW, pero al madrileño le gusta conducir, y lo hace que te cagas. El asistente sonoro de aparcamiento que se incluye en coches de gama alta fue inventado por un madrileño, porque aquí, en Madriz, aparca-mos de oído. También conducimos al rebufo del de delante para reducir el consumo de combustible, en plan ecologista.
13. Si quieres probar "pejcao frejco, frejco" vente a Madriz. En la capital se vende el pescado más fresco de toda España. Y os jodéis, porque es así. (Y el más caro, pero no nos importa porque no somos catalanes.)
14. Ni Picos ni Pirineos ni leches: si tienes tiempo para hacer una excursión, te vas a la Sierra. ¿Cómo que a qué Sierra? ¿Pero tú eres tonto o qué? ¡Pues la Sierra, coño!
15. Los de Madriz son la gente más inter-nacional que existe. Estés donde estés, por ejemplo, en Tokio, si te encuentras con uno de Madriz y le preguntas "¿De dónde eres?", invariablemente responderá: "¡De aquí, de Madriz!"
Publicado por amaranta en sábado, marzo 15, 2008 3 comentarios
Silencio
Los ruidos no concedían treguas y esta vez habían agredido a Clara en la calle. Ella se imaginó fuera de allí mientras caminaba rápido, todo lo rápido que podía por la falta de aliento. En su cabeza soñaba el silencio de su casa, el calor, el descanso de los oídos. Y se aferraba a esa imagen para no desplomarse en mitad del asfalto.
Llovía, una de esas lluvias pesadas que cubren el aire de agua y apenas deja ver a más de un metro. Las luces se reflejaban en los charcos del asfalto, y el frío empezaba a colarse entre las capas mojadas de la ropa de Clara.
La radio del puesto de chicles de la esquina gritó mientras Clara la doblaba; una ambulancia corrió como si llevara a morir al diablo, los coches se chillaban unos a otros, y por andar con prisas Clara metió el zapato en una grieta de la que no fue capaz de sacarlo. Se quitó el otro y caminó. Los ruidos, los ruidos la seguían aunque caminara, aunque parara. Niños berreando, las músicas de las tiendas, los bares, los coches, los puestos, los restaurantes; y esos tubos de escape de las motos.
Clara se mantenía anclada a su propia imagen. Clara, en una esquina del sofá, concentrada en la pared. Idéntica a una estatua, fría y quieta; encogida en una postura imposible, mientras su mano jugaba con los rizos del pelo en el silencio de su casa.
Las lágrimas empezaron a caer a borbotones sobre las mejillas de Clara, pero la lluvia no dejó que las sintiera. Los teléfonos de las gentes sonaban con el pasar de Clara, y martilleaban sus oídos, encerrando su cabeza en una campana inmensa mientras retumbaban todos a la vez.
Los pies de Clara se arrugaron con el agua, se ensuciaron con el suelo; se rompieron con el suelo también. Pero siguieron caminando, y Clara, desde arriba, les pedía que no pararan, no hasta llegar a casa.
Los helicópteros esa noche volaban también dentro de los oídos de Clara. Y hasta le pareció sentir un tiro en medio de aquel desorden. Los discos de los semáforos entorpecían todo con lluvia, y los cláxones se quejaban, sin parar. Los peatones cruzaban las calles como podían, y Clara parecía volar sobre sus pies descalzos, como si el peso de las ropas mojadas no pudiera frenar su paso invocando el silencio. Clara con los ojos cerrados envuelta por el blanco de una habitación sin ruidos.
Clara cruzó la calle zigzagueando entre coches parados y una bicicleta pasó rozando su brazo. Desconcertada paró de andar, y los conductores pitaron, y los peatones la empujaron. Clara volvió a andar llevada por las gentes que huían de la lluvia. Pero perdió su visión, no conseguía volver al silencio. Todo se hizo ruido. El ring-ring de los teléfonos, choques, ladridos, lluvia, coches, músicas, risas, truenos, luces de faro, helicópteros, los pies deshaciéndose en el asfalto mojado hasta rendirse. Clara se desplomó en un charco. Al los pocos minutos varias sirenas llenaron los oídos de Clara.
Publicado por amaranta en miércoles, marzo 12, 2008 1 comentarios
Etiquetas: locombia
Lentejas
Bogotá me gusta más cuando llueve, es más sincera. Como esta tarde, con las calles convertidas en ríos sucios, y los peatones esquivando duchas, sucias también, cada vez que pasa un coche, o jugando a cruzar las lagunas que se forman en la acera, o el asfalto; nos da miedo hundirnos y no salir más. La lluvia cae con furia, como si quisiera borrarnos a todos de estas montañas. Y borrar, y borrar, y borrar, hasta que no quede ni el rastro y todo se haga verde otra vez. Suena una bomba que me electriza cada centímetro de piel, no es más que un trueno, pero me asusta, y a la señora de la tienda de debajo de mi casa también. Hija, ten cuidado con los árboles, no vaya a ser que caiga un rayo. Me dice ella cuando entro. Y a mí se me llenan los ojos de lágrimas al escuchar su acento riojano. Hoy hace cinco meses que llegué y he decidido regalarme un trozo de tortilla española y un chorizo para las lentejas que dejé anoche en remojo.
Publicado por amaranta en jueves, marzo 06, 2008 1 comentarios
Etiquetas: livingBogota, locombia


