BS Abril 09


Abril 09

El vídeo

Me lo han dicho varias veces esta tarde, que había salido en el vídeo.

Parece que tenía un día tonto y no he hecho mucho caso la primera vez. No sabía de qué vídeo se trataba.

Después, me han vuelto a preguntar si había visto el vídeo, y ante mi negativa, me han vuelto a asegurar con alegría que ¡se veían las fotos!

Y yo, no sé por qué, estaba a otra cosa.

Sin embargo, he de reconocer la estúpida ilusión que me ha hecho verme en el vídeo.

No sé por qué no lo puedo adjuntar... Por favor, pinchad aquí para verlo:
LA NOCHE DE LOS LIBROS

Flechazos



Estaba repantingada en un sofá del Starbucks, leyendo, o haciendo que leía. Tenía una cristalera inmensa a mi izquierda, y la sensación de que aquella avenida, con el sol iluminando cada detalle de asfalto, era la versión más cinematográfica de San Francisco, y yo estaba embelesada con las vistas.

Tras una canción de Ella Fitzgerald, apareció Jill Barber. Pero su nombre yo no lo conocía entonces. De hecho, había escuchado esa misma canción, en ese mismo establecimiento, una semana antes. Sólo un fragmento, el final. Lo había intentado con esfuerzo, pero no conseguí volverla a reproducir en mi mente. Ahora volvía a sonar, y reconocí al instante los primeros acordes. Me incorporé como por arte de un latizago en la espalda. El cuerpo tieso, la cabeza alerta. Escuché... Y me distraje por un momento, no lo pude evitar, se me estaba olvidando respirar. Fue una punzada en las tripas. Una voz casi ácida, que cantaba en un balancín que parecía mecerlo a uno, casi un himno, una canción de cuna para calmar las almas.

Me levanté de un brinco, me colé hasta el mostrador por la zona de recogida de bebidas, no quería que las personas de la cola se molestaran.  Asalté al muchacho con uniforme que estaba más cerca. Le pregunté con prisas cómo se llamaba aquella canción. Me dijo que no lo sabía, se hizo el remolón. Le imploré, lo reconozco, se me llenó la boca de pena, los ojos de tristeza, y le pedí que lo averiguara como quien ruega auxilio.

Me quedé esperando junto a la barra. Intenté no distraerme con los cafés de otros clientes, y aún así estuve a punto de darle un sorbo a uno que no era mío. Mi taza seguía en la mesa junto al sofá de la ventana que daba a la avenida. Giré la cabeza al recordarlo, y descubrí que me habían quitado el sitio. No me importó, seguía concentrada en la canción. Trataba de no olvidar la letra por si aquel muchacho no me podía ayudar. Si recordaba la letra podría localizar la canción reproduciéndosela al dependiente de la Virgin. Lo había practicado en otras ocasiones, casi siempre con éxito.

Al cabo del rato el muchacho regresó. Cogió una servilleta y un boli, y yo traté de disimular una sonrisa exagerada. "Aquí tienes", me dijo mientras me tendía la servilleta. Escrito en negro y con una letra impecable: Jill Barber, In perfect time.


¡Qué necesarios son los flechazos!
¡Me he encontrado, por purísima causalidad, con una niña pirata que navega en un barco de papel! Amelia Curran



[El video de Jill Barber es de otra canción, pero el videoclip es tan absurdo que me gusta. ¡Yo también quiero unos cuernos de reno a modo de echarpe!]

Ave, Sol

URBAN BLINK

Posesión celestial

El otro día esperaba a que un semáforo en rojo cambiara a verde para girar a la izquierda en la siguiente calle. Me fijé en una chica joven que caminaba no sé de dónde a dónde. Yo la veía de espaldas, y ella de pronto, entre sus pasos de asfalto coló algunos de baile. Me hizo sonreír, como lo hacen las piernas que se mueven a un compás determinado mientras viajan en el metro, o las manos que dan palmadas en las pantorrillas, los dedos que chasquean acompañando a unos dientes que muerden ligeramente el labio inferior conteniendo las terribles ganas de cantar. Sonreí como lo hago cuando yo misma no puedo evitar bailar poseída en casa porque alguna canción mueve mi cuerpo sin pedir permiso, para nadie, para mí. El semáforo se puso en verde y yo no me di cuenta, entonces sonó el claxon de algún desaprensivo que por algún motivo tenía una prisa inadmisible un domingo a las cinco de la tarde. Giré a la izquierda, y durante el resto de mi trayecto imaginé qué fantástico sería bailar en la sala de espera del dentista si la música apropiada sonaba por los altavoces, o en mitad de una cena entre las mesas de un restaurante.
¡Gracias, Vicente!

Mind's eye

Me ha dicho un ángel que si piensas algo con fuerza sucederá, y yo pienso al sol, pero debe de haber interferencias en mi mente, porque aparece entre nubes. 

Acabaré lográndolo, no me cabe duda, y será primavera, y después verano, al fin.

Entretanto me pego a las piedras como un lagarto en los claros, y me pongo morena en el sofá si cierro los ojos en los oscuros.

Zebraville



Da da da ra da da...

He descubierto un cometa en el que no importa si es lunes o no.
Casi como un planeta de principito, en él no existen los ministros ni los bancos.
Es una roca inmensa cuya órbita sólo admite las energías buenas; un espacio intangible donde los mezquinos tienen prohibido el paso, y en el que no caben pudores ni vergüenzas.
En lugar de una rosa, mi compañera es una zebra hermosa que guarda siempre la cabecera de mi cama para que no quepan tampoco los malos sueños.
Buenas noches, espacio.

León