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Noches de luna, llena.




Existe un lugar sin espacio ni tiempo, un cayo fantasma que aparece del fondo de las aguas sólo en noches de cosmos equilibrado. Hace tiempo bauticé esa balsa como Cayo Cuica, porque es igual de oportuno que el instrumento, y provoca los mismos pellizcos en la sonrisa.

He pasado la noche en en ese espacio mitológico, orgullosamente acompañada por cinco hombres que admiro. El primero, R. que antes de caer el sol, como afinando las cuerdas de un cavaquinho, me advierte en un mensaje que esta noche la luna está llena, y su melodía sonará dulcemente durante horas.

Más tarde, J. con su presencia calmada, su discurso tranquilo, sus pies en la tierra, y ese amor que tanto envidio, me recuerda el susurro de Vinicius De Moraes: Soneto Do Amor Total.

D., agudo agogó con su batería de anécdotas, nuestras risas, sus reflexiones profundas, y los mails que quedaron en el aire, por mi culpa, claro.

R., R.C o los ojos más limpios, las palabras más tiernas, y esa altura inmensa que jamás utiliza para mirar desde arriba. Qué asombrosamente cálidos son, siempre, los abrazos de R.

Entre tintos de verano y cañas suena el teléfono. L. necesita que le diga que, si no le gusta lo que ha creado, el lienzo se puede volver a pintar de blanco.

No mirar el reloj, no pestañear, y reír a carcajadas por las confesiones retrospectivas. Balancear la silla a dos patas e inventarse que esta noche el asfalto se ha transformado en arena, que la brisa trae olores de sal, y que el zumbido de una moto no es más que el aire atravesando las hojas de palmera.

Gracias, a los cinco, por haberme hecho sentir uno más, pero distinta.

Lunes de sol


17, número redondo



Haciendo lo nuestro


Mañana aterriza en Bogotá el pedacito de carne que me dejé en Madrid.
Como dice mi madre, durante el mes de agosto, volveré a ser yo.

"Vicios y placeres que nos subyugan, eh, eh, ¿cual es el tuyo?,
Quiza escribes, bebes, fumas, ¿o un poco de todo?
Olvida el mundo y ven de viaje a esta apología del hedonismo y deja que te atrape"


Soledad

Conocer algo no significa haberlo descubierto, y yo recuerdo con escalofríos aquella tarde de té en casa de mi hermano mayor, con música llena de color para combatir la lluvia en París. Descubrí Presuntos Implicados, y descubrí la voz de Sole Giménez.

Quienes han vivido y convivido conmigo están hartos de escucharme cantar: canto poseída en el coche mientras conduzco; canto para relajarme cuando estoy nerviosa; canto porque estoy contenta, o para sonreír cuando estoy triste; canto para llorar cuando no me salen las lágrimas; canto para gritar cuando me lleno de furia; me encierro en mi cuarto por horas y canto; y en la ducha, claro, también canto.

Entre otras voces que me acompañan, Sole ha estado siempre conmigo para vomitar miedos.

Un barquito, con cáscara de piel

El 9 de julio de 2007 tuvo lugar la primera travesía de mi barquito pirata. Se inauguraba el blog con un viaje, un gran amigo, y la ilusión de descubrir nuevos mares, y de registrar cada acontecimiento de relevancia en el diario.

¡Un año ha transcurrido desde entonces! Y, en este tiempo, el casco de mi velero se ha dejado bañar por una extraordinaria cantidad de aguas. Algunas tranquilas y apacibles, calientes incluso. Otras de fuerza salvaje. Y, aunque a veces las tempestades en alta mar me hayan mareado al punto de obligarme a abandonar el mando, este velero es fiel a su capitana, y ha conseguido llevarla de vuelta a puertos seguros.


Las muescas en el casco, y las cicatrices en mi piel, le han dado vida a la vida.

Empezó (y sigue siendo), un proyecto personal. Registrar para el recuerdo este viaje épico (que no acaba en Colombia), en el que quiero desempeñar el papel de Ulises, y el de Penélope, y el de Circe también. Ahora sé que volveré a Ítaca, y seguiré viajando.

Aquel 9 de julio de 2007 zarpé sola. Hoy, este barco es también de todos vosotros. Los que habéis querido formar parte de mi tripulación y os habéis convertido en grumetes, y piratas con pata de palo, parche en el ojo y cara de malo. La familia, los amigos, los conocidos, e incluso los náufragos que acabaron repostando por este barco, habéis hecho, sin saberlo, que me sintiera menos sola en mi viaje a las américas; me habéis empujado a veces a coger con firmeza el timón; habéis izado las velas cuando me han faltado las fuerzas; habéis baldeado la cubierta; habéis seguido las rutas para hacerme sentir segura (si naufragaba, me buscaríais); y habéis grabado con navajas vuestros nombres en el mástil .

A todos, gracias.

Me es difícil nombraros uno por uno, pero no puedo dejar de mencionar a ciertos tripulantes que se han ganado el guiño de mi ojo sin parche.

Gracias, en primer lugar a Pablo, el único pirata que ha estado físicamente conmigo aguantando corrientes, mareas, truenos y centellas.

Mamá, papá, Rafa, Jaime, y Jeje, gracias.

Tíos y primos, gracias también (sobre todo a Elena por sus visitas, a Camino por estar estos días conmigo y sabérselo todo ya porque no se ha perdido un post, y a Blanca por haber intentado venir por todos los medios).

Mery, Myri, Guille, gracias.

Gracias fenómenos. Especialmente a Merche (mi compañera más fiel); Luis, Rubén, y Diego; Lino, Pamies, Álex, Georgia, y Ainara (princesa, te extraño). Gracias, a todos, porque un chivato me cuenta en un mapa desde dónde me visitáis, y desde cada destino fenómeno sé que habéis venido a visitarme alguna vez.

Gracias a todos los blogeros ICEX que me han acompañado y se han dejado acompañar también, como Cris (Sao Paulo) , Eva (Quito), y Edu (Kiev).

Gracias a Lluc, a Grego por su ayuda siempre arreglando desbarajustes, y a Rafiki por ser fan.

Gracias, de nuevo, a todos los que me habéis hecho recomendaciones, musicales, literarias, o de cualquier índole. a los que me habéis dejado comentarios, siempre, siempre cariñosos. A los que me habéis escrito e-mails contándome vuestras propias aventuras porque en algún momento leísteis algo que os gustó.

Gracias a todos, porque me habéis demostrado que las nuevas tecnologías también sirven para recibir cariño.


Canción del pirata

"Con diez cañones por banda,

viento en popa a toda vela,
no corta el mar, sino vuela,
un velero bergantín;
bajel pirata que llaman
por su bravura el Temido
en todo el mar conocido
del uno al otro confín.

La luna en el mar riela,
en la lona gime el viento
y alza en blando movimiento
olas de plata y azul;
y ve el capitán pirata,
cantando alegre en la popa,
Asia a un lado, al otro Europa,
Y allá a su frente Estambul:

-Navega, velero mío,
sin temor
que ni enemigo navío,
ni tormenta, ni bonanza
tu rumbo a torcer alcanza,
ni a sujetar tu valor.

Veinte presas
hemos hecho
a despecho
del inglés
y han rendido
sus pendones
cien naciones
a mis pies.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

Allá muevan feroz guerra
ciegos reyes
por un palmo más de tierra,
que yo tengo aquí por mío
cuanto abarca el mar bravío
a quien nadie impuso leyes.

Y no hay playa
sea cualquiera,
ni bandera
de esplendor,
que no sienta
mi derecho
y dé pecho
a mi valor

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

A la voz de ¡barco viene!,
es de ver
cómo vira y se previene
a todo trapo a escapar:
que yo soy el rey del mar
y mi furia es de temer.

En las presas
yo divido
lo cogido
por igual:
sólo quiero
por riqueza
la belleza
sin rival.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río:
no me abandone la suerte,
y al mismo que me condena
colgaré de alguna antena
quizá en su propio navío.

Y si caigo,
¿qué es la vida?
Por perdida
ya la di
cuando el yugo
del esclavo
como un bravo sacudí.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar.

Son mi música mejor
aquilones,
el estrépito y temblor
de los cables sacudidos
del negro mar los bramidos
y el rugir de mis cañones.

Y del trueno
al son violento,
y del viento,
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar.

Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar. "

José de Espronceda.

Princesas



Escoger a alguien para que forme parte de tu familia, y quererla como tal, tiene casi más mérito que querer por cosanguineidad. María es mi hermana princesa. La única que tengo.

Y se hace raro eso de que a pesar de ser de las personas que más me faltan, es también de las que más presentes están conmigo en la distancia. Como mis padres y Jaime.

Hoy es su cumpleaños, y yo me muero de rabia por no estar con ella. Y sé que ella también.

Tenemos muchas cosas pendientes, hermana. Pero te prometo que llegará un día que será la hostia. Las dos estaremos atentas al desvío.



Encarni

Las cosas importantes no suelen suceder de sopetón. Se construyen poco a poco, como un rascacielos de pilares inmensos, para que a pesar del azote del viento, la lluvia o los temblores terrenales aquel edificio inmenso y extraordinario no se inmute.

Encarni y yo jugamos a ser arquitectas, y primero trazamos los esbozos, y después los planos, y en seguida nos pusimos a construir. Juntas, sorprendidas de lo bien y de lo rápido que funcionaba la construcción a dos manos.

Ya lo dije, Encarni es la Amiga inesperada que encontré en el CECO. Y es, sin duda, lo más bonito que me queda de aquellos meses. Imaginad cuán importante es para mí los que sabéis lo importantes que sois todos los demás.

Recuerdo el primer día que la vi. Una fuerza viva, una belleza salvaje, un cuerpo precioso que después descubriría era el de una bailarina a la que me muero de ganas de ver bailar. Ella hablaba con Kiko, y ejercía sobre mí ese tipo de fuerza de atracción inevitable que no me permitía parar de espiarla. Y, lo reconozco, me dio miedo. Me dio miedo por su energía, y sobre todo porque pensé que no me prestaría atención, mientras yo no paraba de prestársela. Pero me equivoqué. Enseguida empezamos a descubrirnos, y nos convertimos en el novio que ninguna consiguió tener durante los duros meses del principio. Y fuimos, sobre todo, cómplices en lo personal. Y cuando nos echábamos de menos, nos llamábamos; y cuando necesitábamos un respiro, quedábamos; y cuando necesitábamos consuelo, también; y cuando eran mimos, o ganas de birra, pues también. Así que nos convertimos en una especie de tandem inseparable. Lo más curioso es que nunca sentí que aquello acabara con el máster, no tuve miedo cuando apareció Javi, no tuve miedo de separarnos porque los pilares aquellos eran la hostia.

Y nos fuimos a Lisboa, y descubrimos juntas nuestro destino. Y saber que Encarni estaría en el mismo continente, aunque nos separaran más de 4.600km, a mí me hacía estar más tranquila. Y nos pusimos nerviosas juntas, y planeamos la partida juntas, y nos despedimos sin ganas, con mucha emoción, y sin querer pensar en que no nos veríamos más en mucho tiempo. Por suerte, hemos podido vernos. “Nena, ¿qué te parece si me voy a cumplir los 25 a Buenos Aires?”, y le pareció de puta madre. Y en Buenos Aires descubrimos que los meses habían pasado, pero nosotras seguíamos sin inmutarnos, ni el viento, ni la lluvia bogotana, ni el calor del verano bonaerense había dañado aquel edificio magnífico que hemos construido juntas. Es más, durante las noches de mi visita nos dedicamos a decorar cada planta de ese edificio, a hacer más sólidos los pilares, a embellecer la fachada, y a querernos y cuidarnos más si aún cabía.

Niña, te quiero. Gracias por estar ahí.



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Rubén

Aún no sé bien qué es eso tan familiar que encuentro en Rubén desde el día que nos conocimos. Pero me hace sentir bien.

Tampoco sé cuál fue el punto de inflexión en nuestra relación. Con casi todo el mundo uno se relaciona de una cierta forma hasta que se traspasa una frontera abstracta que marca la diferencia. A partir de ese momento las personas se relacionan de forma distinta, con mayor confianza, y actitudes físicas distintas. Con Rubén no recuerdo este punto, porque no recuerdo esa primera fase de tanteo, de corrección, y de distancia.

Rubén se convirtió muy al principio en una especie de hermano mayor. Un apoyo incondicional, una boya cuando lloraba, una sonrisa, sus palabras siempre amables conmigo, demasiado generosas siempre conmigo. Y yo, sentadita siempre a su derecha en las reuniones del proyecto, y Rubén actuando de filtro para mí, protegiéndome de nuestro horrible tutor, y sobre todo protegiéndome de mis histerias durante aquellos encuentros.

Rubén es reservado, es un misterio. Y sin embargo a mí no me produce intrigas. Porque Rubén es generoso, entrega, y se entrega. Y hay quien se pregunta, quien no es capaz de montar el rompecabezas sin ayuda sobre el misterio que es Rubén. Yo saboreo tanto cada una de esas piezas que ni siquiera me planteo tratar de ordenarlas.

Y no sabría definir qué vínculo nos une. Pero él y yo lo sabemos, y nos lo decimos, mucho. Pero creo que más allá de las palabras lo que cobra sentido es cuando Rubén y yo nos miramos. Y es que esos ojos preciosos suyos me hablan con frecuencia, y, sobre todo, escuchan a los míos. Si algo me gusta de estar con Rubén son esos cruces de miradas, porque son miradas viejas de gente que se sabe bien y se quiere bien.

En lo que sí creo que somos parecidos es en la forma de sentir a la gente. Me parece que su familia y la mía tienen afectos comunes, y creo que eso nos ha hecho a los dos generosos en ese sentido. Rubén no espera cambios, Rubén respeta a cada quien como es, y después decide a quién querer, pero no busca nada que no haya visto antes.

Yo a Rubén le quiero mucho. Más allá, le respeto y le admiro. Y, a veces, pensaba que todas las cosas bonitas que me decía las decía por hacerme sentir bien, para no dejarme caer y que las cosas salieran adelante. Descubrí la verdad en sus palabras a través de Chevi, con el que yo no tenía una relación directa estrecha, y sin embargo, me hablaba de mí con mucho cariño. Y la culpa de eso la tenía Rubén, que como un hermano mayor proyecta sobre mí una imagen subjetiva, inflada y preciosa.

Durante mi visita a Argentina Rubén me ha demostrado algo que me hacía falta, que para él siempre he sido Luchi, y lo que es más importante, que lo seguiré siendo. Para mí él es Rubén, y trae consigo la calma del mar en los ojos.

Luis: Un hombre a un sombrero pegado


Hay personas extraordinarias. Hay personas que provocan un impacto tan fuerte que las reacciones del resto se vuelven radicales. Amor-Odio. Hay personas especiales que emiten una energía que asusta. Y hay algunos de ellos, que además son lo suficientemente generosos como para dejar que los simples mortales nos acerquemos a ellos.

Yo tengo la suerte de poder afirmar con rotundidad que soy amiga de Luis Espinosa Goded.

Aprendí su nombre en una tarjeta blanca, escrita en letras decadentes y maravillosas. Me las regaló mi abuela, me dijo Luis al entregármela, ¿a que es preciosa? Y, por supuesto que lo era, más allá de la estética, aquella tarjeta en mis manos, me pareció algo precioso.

Nosotros ya lo hemos hablado, pero fue hablando con Rubén cuando me di cuenta de lo extraordinario de mi amistad con Luis. Yo estoy tranquilo, me dijo el asturiano, porque sé que aunque os peleéis, os mandéis a la mierda, o pase lo que pase, a Luis y a ti os une algo muy fuerte, una atracción por el polo opuesto sostenida por el respeto. Y yo creo que es verdad, y creo también que se nota. Luis y yo somos radicalmente distintos, una combinación difícil de explicar, y, sin embargo, ambos nos sorprendimos al sentirnos fascinados por el otro.

Luis, tú ya lo sabes pero, te quiero.

No me cansaré nunca de contar el asombro que se apoderó de Rubén y de mí durante una clase de contabilidad. Había que relizar un ejercicio por grupos, así que nuestro F-4, como hacían también los demás , discutía la solución, y el profesor hablaba. Luis, como casi siempre, andaba un poco disperso, escribía sin parar con su pluma en un folio blanco, jugaba con los dedos mientras pensaba, y de vez en cuando intervenía con mucho acierto en la conversación del grupo. Rubén y yo nos mirábamos estupefactos. ¿Qué escribes?, le preguntamos. Un discurso político, dijo mientras seguía escribiendo, y nos explicó que era para un acontecimiento del partido, ya sabes... Y siguió escribiendo, y siguió participando, y en un momento dado alzó la mano, sin levantar la vista del papel. Y cuando Navajas, el profesor, dijo su nombre, Luis lanzó una pregunta de esas suyas, bien rebuscada, bien coherente y bien dificil de contestar. Rubén y yo no podíamos creerlo, así que en un despiste cogimos aquella hoja, y nos seguimos sorprendiendo al descubrir que aquel discurso también era coherente, tenía un objetivo y se iba desarrollando con cada línea. Aquel día descubrimos el policronismo intelectual en estado puro. Ese día también decidí que Luigi siempre lleva sombrero para proteger esa prodigiosa cabeza suya.

Merche: Duende

A Juvenal Urbino el olor de las almendras amargas le recordaba el destino de los amores contrariados. A mí el de las hojas de coca me recordará siempre los abrazos que exorcizan penas.

Eso han sido estos días con Merche, un exorcismo de penas, una diálisis de cariño y experiencias, un dejarme contagiar de su entusiasmo y olvidarme y distanciarme de Lucía en Bogotá, acordarme de Lu, y olvidarme de ella también.

Las charlas en el sofá, con mate y trimate, con licor de coca, pizza, o agua. Ver La Paz con sus ojos, y después con los míos, para descubrir que compartíamos la misma visión, quizás contagiada la mía por la suya. La Paz por siempre asociada en mi recuerdo como una ciudad en las alturas, en la que por unos días Merche me preparó un nido de calma y cariño.

Descubrir el arte de esta niña del sur. Su fuerza, sus ganas y sus ojos iluminados hablando de Bolivia, o escuchándome hablar de Colombia.

Merche, gracias, muchas gracias.



Presencia

Más adelante, en este mismo viaje, hablaría con Rubén sobre Javier Pamies. "Creo no equivocarme si afirmo que Pamies era la figura más respetada dentro de los Fenómenos". Yo asentí.

Cuando tuve que describir qué me quedaba de Javi, aparte de las ganas de disfrutarle y conocerle más, porque nunca hay tiempo para todo, o al menos no para todo a la vez, fue su presencia lo primero que me vino a la mente.

Javier es un hombre, no es un chico, no es un tipo, no es un tío. Es un hombre y sabio, pero accesible.

Me hizo mucha ilusión encontrarme con él en Lima. De forma fortuíta, como un regalo entre escalas. Y me ofreció unas horas de su compañía, y me prometí volver a Lima. Un fin de semana, unas horas, unos minutos, pero me prometí regalarme de nuevo la presencia de Javi, porque no sabría explicarlo, pero, estar cerquita de Pamies a uno le hace bien.

Y descubrí una faceta nueva para mí. Descubrí a un Javi más íntimo, y a la mitad de él mismo que me estaba faltando, Camille.

Gracias por unas horas fantásticas.

Tere: Woman's world

Se lo he dicho varias veces, y ahora lo confieso públicamente. Tere consigue que desee ser hombre para hacerla mía. Se me hace una tía fuerte y valiente. Se me hace una mujer con cuerpo de mujer. Se me hace un carácter dulce, edonista, y al mismo tiempo voraz y calmado.
Me gusta Tere, me gusta mucho.
Y yo, como un adolescente con granos me sentía intimidado de tanta mujer, me ponía nervioso al hablar con ella, y me sentía poca cosa a su lado. Pero, el platonismo es lo que tiene, sentía un ansia incontrolada de estar cerca de ella, reunir el valor para acercarme y ser grandilocuente más que elocuente. Y abrir mis plumas como un pavo, hacerlas brillar para que se fijara en mí. Pero la torpeza de la adolescencia me lo impedía, y me tropezaba con tantas plumas, o acaso se me tropezaba la lengua con tantas copas.
Pastora está en el recuerdo de todos los Fenómenos. En el mío está una noche de birras, en un bar de cuyo nombre ni me acuerdo porque para mí esa noche todo se llamaba Tere. Y en medio de la embriaguez, de ambas, de todos, yo miraba absorta un cuadro en la pared. Un cuadro en rojos de una mujer desnuda. Una mujer pelirroja con cuerpo de mujer, de carnes grandes, de pechos inmensos, y de una belleza hipnótica. "Ese podría ser mi retrato dentro de unos años" se rió Tere. "Me encanta" respondí con seriedad. Me encanta.
Admiro la persona que Tere ha decidido ser. Su locura y su sensatez, su pasotismo y su dedicación. Admiro su sentido del humor, y la forma en que se ríe de la vida, empezando por ella misma.
Tere me ha regalado muchas más cosas de las que imagina. Por culpa de la estupidez adolescente esa que me ataca cuando la tengo cerca no pude disfrutarla tanto como hubiera querido, pero estoy contenta.
Y me sigue regalando y enseñando y produciendo cada vez más admiración.


Guille: cuestión de bioquímica

Soy mujer de letras. Y supongo que es uno de los motivos por los que aprecio tanto mi amistad con Gille. Él es bioquímico, y me explica sus teorías, y las de otros, las reinterpretaciones de la realidad. Me cuenta hipótesis, resultados, estudios, las sondas de sus ratas. Me habla del thc, y de la vida. Y lo hace todo en un registro cargado de generosidad, con palabras que yo entiendo para que pueda participar de un mundo que no es el mío, y del que no sé nada. Pero poco a poco, me hace sentirlo un poco mío también, porque es el suyo, y como amigo (me atrevo a llamarle amigo, y no colega) me lo enseña en una bandeja preciosa para que nos lo comamos todo, aliñado con una vinagreta que los dos disfrutamos envueltos en humo.



Y es cómplice de mis locuras, y en alguna medida yo lo soy de las suyas. Y no somos groupies, sino melómanos psicópatas.

Guille tiene una asombrosa capacidad para rescatarme. En medio de mis neurosis quedar con él es un baño de calma para mí. Si quiero hablar me escucha, si no quiero me habla él. Y nunca me pregunta, pero siempre sabe cómo sacarme adelante.

Guille es celebrar el solsticio de verano en Stonehenge, y vivir un tsunami en pleno campo de amapolas. Es escucharle hablar de Ixone, y entender qué significa eso de amar. Es refugiarse en las montañas a base de aire, música en vivo y hierva. Es conjugar romanticismo y ciencia. Guille es un gran amigo.

Será que vibramos bajo la misma Frecuencia natural de resonancia.

Myriam, la mujer de las teorías

No sé bien quién es Thelma y quién Louise en ese dúo tan cinematográfico que formamos Myriam y yo. El tercer protagonista de nuestras aventuras es siempre un coche, el mío, el suyo, y como importa, pero da un poco igual, a mí me gusta pensar que es siempre un Thunderbird del 66.

El secreto, después de tantos años, es que disfrutamos de las locuras de la otra. Hay cosas que uno necesita desesperadamente compartir. Y, sin embargo, no es tan fácil encontrar ese alguien con quien hacerlo. Porque no se trata de contar una historia, o sentirse acompañado en determinadas circunstancias. Se trata de compartir la intriga, la inquietud, la alegría de un descubrimiento o de llorar ambos a moco tendido. Myriam es la amiga que me coge el teléfono a las tres de la mañana para que le cuente mi última obsesión. A veces me rescata de la torre donde estoy encerrada, y en ese descapotable precioso que nos lleva a todas partes damos vueltas por las calles de Madrid, y jugamos a ir de un lado a otro haciendo comprobaciones de las que no puedo hablar porque sólo nosotras les encontramos sentido.

Creo que para ella, yo soy alguien que la escucha con entrega cuando me cuenta cualquier historia. Pero sobre todo, soy mis ojos iluminados cada vez que me propone una pequeña locura. No tengo forma de resistir, y ella lo sabe. Así que nos subimos al coche y nos vamos al aeropuerto a ver los vuelos llegar. O me aguanta en un submarino mientras me dice “¡tía, tía, que los del coche de delante están follando!”, y yo me rompo en dos de tanta risa.



Myriam tiene una memoria prodigiosa. Recuerda los cumpleaños de la gente, sus números de teléfono, y las matrículas de los coches. Es esa base de datos que lo almacena todo, para recordarte dentro de unos años, que en la fiesta de cumpleaños de no sé quién tú llevabas el mismo vestido que hoy. Y tú no te acuerdas ni de haber ido a aquella fiesta, pero sonríes y le das un beso porque es fantástico que ella sí lo tenga en la memoria, porque entonces es que sucedió.

Además, es la mujer de las teorías. La maravillosa teoría del contexto y los sms de madrugada, o la de que “algún día Dios me lo pagará con un buen novio”. Y es que además es clarividente, y yo me alegro tanto de que Chuco apareciera por fin en su vida…

¡Ay, Mari, vente conmigo!

Lino, my guru

Qué de cosas se aprendían en el cole en clase de aquel profesor. Sí, ese que hablaba de cosas de las que no tenías ni idea, pero lo hacía con tal pasión, sabiendo tanto, que uno quedaba fascinado, y deseaba leer los libros de los que hablaba, que llegara la semana que viene para probar las cosas en el laboratorio, o que, simplemente llegara la próxima clase para seguir oyendo hablar de teorías filosóficas caducas.
Hace tiempo que el cole acabó. Y, la universidad, aunque me cueste hacerme a la idea, queda lejos ya también.
Pero, de pronto, hace unos meses, me encontré un guru. ¡Qué extraordinario!
Lino es un erudito, y le escucharía hablar durante horas de la picadura de la serpiente violeta de la cochibamba, de los conflictos étnicos en una minúscula isla del índico, o de lo que él quiera hablar. Porque Lino es como ese maestro encantador de serpientes.
Pero no hay que ser avaricioso, uno puede lo que puede. Así que, he nombrado a Lino mi guru musical.
Para mí la música tiene una importancia casi mística. Me acompaña, me recuerda, me sugiere, me lleva a sitios lejanos, me trae a la realidad, me la decora, me la encrudece, me la dulcifica. Y soy curiosa, y pico aquí y allá. Tengo preferencias, ritmos que me hacen sentir que no podrían ser de otra manera, melodías que me pacifican y me dejan sentir la calma. Cada quién tiene una banda sonora que le pertenece. Es como la ropa, a uno le van bien unos colores, porque tiene el pelo oscuro, y la tez clara, o unos cortes, porque las caderas son amplias y las piernas delgadas. Pues con la música es igual.
Lino ha entendido esos colores y medidas. Lo más extraordinario es que no tuve que explicarle nada. Él sólo ha ido escogiendo y proponiendo. Lo que no sabe es que, cada vez que lo hace, y me graba un cd, o me manda un mail contándome la historia de este o aquel artista (que siempre están llenas de anécdotas maravillosas), para mí es como abrir un regalo. Y voy quitando el papel que lo envuelve con cuidado, porque nunca me ha gustado que se rompan. Soy ansiosa, pero no para los descubrimientos, son mucho más placenteros si se realizan con autocontrol, para no perder detalle.
Siento una deuda muy grande. Y es que, además de decírselo, y confesarlo públicamente, no sé cómo devolverle todo lo que me está regalando. Pero, creo que él sabe lo importante que es para mí.
Muchas gracias, Lino.