Rake's Progress

(Seguimos de reformas, pero la petición de un fan es indiscutible, y más en este caso)

El otro día Luis me invitó a la ópera como regalo de cumpleaños. La obra, Rake's Progress de Stravinsky.

¡Muchas gracias, Luis!

Yo no entiendo mucho de ópera, pero él sí, y el público del Teatro Real también, y no hubo grandes aplausos porque la representación fue un poco floja.

En cuanto a la obra en sí, he de confesar que al final le dije a Luis: "me considero una persona medianamente inteligente", a lo que él me contestó "déjate de falsas modestias que estás hablando conmigo". Así que corregí inmediatamente: "me considero una persona bastante inteligente, y la verdad, es que no he entendido de qué va la obra", ¿a qué venía esto?, ¿a qué aquello?

Sin embargo la escenografía de Robert Lepage es pura magia. Para mí, sólo por eso, ya merecía la pena aguantar los gorgoritos en inglés (desde aquí ruego a los compositores del mundo que no vuelvan a escribir nunca una ópera en inglés, queda feísimo).

Foto: Bill Cooper
Para ver más imágenes pinchad aquí.

Cierre por reforma

Ustedes me perdonen, señores seguidores de este blog, pero la he liado parda (qué típico en mí...). No pregunten cómo, ni cuándo, y sobre todo, no pregunten por qué, pero he bombardeado la interacción entre el blog y el servidor en el que alojo las fotografías, y ha desaparecido el histórico de este sitio, llevándose el color y convirtiéndolo en un simple chorro de paranoias...

Lo peor es que no tengo dinero para pagar a unos paletas, no sé cómo arreglarlo yo misma y, además, no tengo el tiempo tampoco para hacerlo. Por lo tanto, anuncio cierre por reforma.

Sentimos las molestias.

Se me cae la baba



Cortazar, Julio - Las Babas Del Diablo

Cada día se gana un minuto más

Podía cambiar la temperatura, el acento de la gente, la lluvia, las flores. Pero daba igual estar en Bogotá, Medellín, Cartagena, o Providencia, durante un año el día caía siempre a la misma hora, y siempre demasiado temprano.

Qué fantástica luz azul a las 18.00, y a las 18.30 también. Saber que cada día se gana un minuto más. Más luz, más calle, más vida, más sonrisas.

A mí no me digas que no se puede


El truco del manco

La vida es la de uno. Los sueños, las ilusiones, los obstáculos, las circunstancias.

La puta vida en esta historia de derrota donde los protagonistas no se dan por vencidos.

No suelo creerme los redobles promocionales cuando, de pronto, aparece algo nuevo en el cine, la televisión, o la música.

Creo que los revulsivos son algo íntimo, y que de poco sirve comentar a la salida de la sala. Sin embargo, confesaré que me gustan el lenguaje y la mirada de Zannou.

Del Langui, qué decir:


Muuuuchas gracias

Gran recomendación: Bon Iver



Muuuuuchas gracias!

¿ ... ?

Vibrar

Si te concentras puedes ver la música.
Parar en seco de caminar, cerrar los ojos, y sentir cómo por los oídos se va llenando de aire el pecho. Es un humillo de cómic, que se desenreda en la boca de un saxo, se apoya en el borde de la campana para coger impulso, y se dispara contra las fachadas como si fuera una bola de pinball. Si permaneces con los ojos cerrados, puedes rastrear la estela de ese blues que tocan unos dedos sin guantes. Esquiva peatones y cubos de basura, cruza los pasos de cebra, y al fin llega a los pulmones de los pocos que estábamos atentos. 

Escuchar por primera vez la bossa en la garganta de Henri Salvador, y sentir que las cosas se adaptan a su ritmo tranquilo. Saber que sus susurros suavizarán siempre nuestras ansias. Contemplar cómo cada hueco de la habitación se llena de notas después del silencio, y sentir que se calienta todo alrededor de uno, como las sábanas en las noches de invierno. 

Estar sentada en un taburete, entre los humos de un bar con luz cerveza, y descubrir que al final de la pierna que tienes cruzada sobre la otra, el pie hace rato que baila contento al ritmo de ese rock que no conocías. 

Volver, siempre, a ese semáforo en rojo cuando suenan los primeros acordes. Su olor vuelve a llenar el receptáculo de aquel ford fiesta que ya entonces estaba oxidado. Te acomodas en el asiento del copiloto, y exhalas el poco aire que aún te incomodaba. Giras la cabeza hacia la ventana, y te pierdes en una hilera de farolas. Una mano, que creías en el volante, acaricia tu nuca en el mismo momento en que el último dedo golpea la tecla de la última nota de piano. Un relámpago se descarga en tu cuerpo, y lo deja todo en silencio. Más tarde, ese disco sonará en una incansable repetición hasta que amanezca al día siguiente, mientras en la cama vuestros cuerpos juegan a contarse los lunares. 

Titilar cuando sigues escuchando la bossa en la garganta de Henri Salvador.

Retrasarse un minuto y medio más, zigzaguear por casa como perdida, con el abrigo puesto y las llaves en la mano, porque apagar ahora los altavoces sería electrocutar esta canción. 

Sentir, en el perfecto instante en que interviene la cuica en una samba, que se te explota algo bueno por dentro. 

Vibrar es un pellizco de guitarra flamenca en el epicentro de las entrañas.

¡Hasta los huevos!

Perlas



Me siento en un salón prestado y, de pronto, frente a mí están la tía Luisa en cartón pluma, , y la cabeza de Anacleto, con gorro y gafas de culo de vaso. Al cabo del rato, le pregunto a Sergio:

-Estos que suenan, ¿quiénes son?
-The Traveling Wilburys. ¿No les conoces?- Me responde él con una gran sonrisa.

Entonces me cuenta que el grupo es el resultado de una de esas raras convergencias del mundo por la que a mediados de 1988 se juntan en un estudio de grabación varios monstruos: George Harrison, Jeff Lynne, Bob Dylan, Tom Petty, y Roy Orbison.

Con la alegría que no me cabe en la boca apunto el nombre en cualquier papel, y al levantar la vista le digo a modo de explicación: -Es que estás perlas...- Y Sergio me sonríe como si el mío le recordara un descubrimiento propio.

¡Gracias Sr. Vita!


Fotografía Humanitaria

XII Premio Internacional Luis Valtueña.


Retro

Según Dani, un amigo de mi hermano (son unos filósofos los condenados muchachos estos...), a la vida le hacen falta unos buenos retrovisores, para no distraerse de las hostias que vienen de frente, ni las que vienen de atrás.

Screw you!

Acojonante


Desde luego, que siga avanzando la tecnología, porque lo que es en el Arte, no nos queda nada por hacer.

Señores de Google, por favor, continúen fotografiando todas las obras de todos los museos del mundo.


Con la mano levantá

Agujeros de gusano

Hay personas, objetos y situaciones que lo trasladan a uno, por equivocación o por voluntad subconsciente, a tiempos pasados. Y, de pronto, el entorno sigue siendo el mismo que hace un minuto, pero es uno el que no se siente igual, y no es capaz de dominarse. Es una sensación familiar, que recuerda viejos tiempos, y sin embargo, por no ser lo que debiera ser ahora, uno se siente extraño.

Y yo me descubro en la madrugada de un viernes rodeada de adolescentes que efervescen, y bebo el mismo alcohol manipulado que ya no recordaba. Me acuesto con las primeras luces de una ciudad que no me parece Madrid, en una cama que no me parece la mía y que se mece como una hamaca en un barco.

Al despertar tampoco reconozco mi cuerpo, que adolece los efectos del veneno de la noche, y a lo largo del día los gusanos del tiempo devoran mi cerebro. Con las horas y las ganas llega la incomodidad, porque ¿por qué me comporto así hoy? Pero no encuentro el bucle de este túnel temporal, y por una noche soy de nuevo la niña torpe que fui hace años en una esquina de bar.

Vuelvo a despertar, y una bolita de nieve, que es de ahora y no de la época de esa niña torpe, se transforma en agua mientras rueda por mi piel llevándose los gusanos.

Nieve

Un día decido que mi espalda se va a doblar como el bambú, y saco del bolso todas las cosas fundamentales que llevo conmigo y al final no utilizo más que de tanto en tanto (cámara, cuaderno, estuche, libro, bolsa del maquillaje, tres manojos de llaves...). Resulta que este acto surte el mismo efecto que limpiar los cristales. Si con el segundo lloverá de forma irremediable, con el primero sucederá algo que merecerá ser fotografiado (para escribirlo siempre es fácil hacerse con una servilleta de papel).

Hoy nieva en Madrid. Una nieve de verdad, de copos gordos que cuajan y colorean todo de blanco. El lomo de los gatos que corren a refugiarse en algún rincón de las calles de Madrid. La espina dorsal de las farolas agachadas. El aire. Los cables tendidos sin pájaros. Los carteles luminosos sin miedo al cortocircuito. Los recovecos de las fachadas. Las pinzas de la ropa que hoy tiritan solas en los patios de luces. Los bancos de madera sin viejos con boina ni palomas. Las bicicletas que esperan al verano en los balcones. Los pasamanos de los puentes. La mano de Botero. Los toboganes de los parques. Los sillones de muelles escapistas abandonados junto a algún contenedor. Y la punta de la nariz de las estatuas repartidas por todo Madrid.

Nueva travesía

Mi querido JP me preguntaba esto hace unos meses:


“¿es posible que todos estos blogs iberoamericanos pierdan algo de lo que los caracteriza -algo de vida- cuando en octubre sus autores estén de regreso?
¿será posible esto? ¿puede suceder?”

Al leerlo pensé que aquello no sucedería. Quizás el exotismo se quedaría en Colombia, pero las historias que contar, y las imágenes que mostrar flotan en el aire.

He tardado tres meses en poder abrir de nuevo el blog sin que se me saltaran las lágrimas. Volver aquí, y volver allí. Tantas cosas sin resolver aún, tantas cosas que estaban esperando, tantas que han quedado pendientes.

Y en estos meses, quienes intuían el porqué del silencio, me animaban a seguir siendo pirata aunque ya no tenga cerca aquellos mares.

Recuperé la magia: ¡Comienza una nueva travesía!

Sofá nuevo

¿Te sigues suicidando
a diario en el sofá?

¿en el sofá nuevo
Te sigues oscureciendo?

Heróica agonía princesa,
heroica,
pero aburrida.

(Violeta Medina Méndez, Tres poemas sin título)