Santa Fe de Antioquia

Para llegar a Santa Fe de Antioquia hay que zigzaguear entre montañas durante una hora y media desde Medellín.

Son montañas nuevas. Parece que la tierra hubiera explotado por dentro empujando las tierras arriba. Debajo del verde, un barro húmedo sujeta estos montes, cientos de ellos entrelazados. Y las nubes duermen la siesta en sus cuencas. Y como son montañas frescas, la lluvia provoca derrumbes. Son los efectos de la juventud, como los granos en un adolescente, que en lugar de pus expulsaran tierras y piedras.

Me gusta el paisaje de Antioquia. Me gusta el Cauca. Me gusta Santa Fe.


(Pasa las páginas arrastrando desde las esquinas)

Medallo

Antes de venir a Colombia, lo que yo sabía de esta urbe era que:

Medellín era la casa de Pablo Escobar.

Medellín fue declarada la ciudad más peligrosa del mundo.


Medellín era narcotráfico, guerrilla y paramilitares.

Medellín era un lugar en el que todas las niñas querían operarse las tetas (porque sin ellas no hay paraíso). Y de hecho, casi todas lo hacían, con el dinero de papá, el de sus maridos, o el del traqueto (narco) de turno que quisiera pagárselas a cambio de polvos.

Pero resulta que las cosas cambian, y en el mundo no nos hemos enterado:

Medellín es la capital del departamento de Antioquia.

Medellín es la ciudad de la eterna primavera.

Medellín es la única ciudad de Colombia que tiene metro (no subterráneo).

Medellín es la meca de la cirugía, no sólo estética, sino también la de transplantes.

Medellín es tierra de paisas (gentilicio familiar del antioqueño). Gente, por cierto, mucho más simpática que los rolos o cachacos de Bogotá (gentilicios del bogotano). Tienen el acento más agradable, y sobre todo las miradas más sinceras.

Medellín es una ciudad que no olvida la época violenta (porque todos quedaron amputados en esta guerra), pero que siente orgullo de sí misma, y que quiere salir adelante.

Medellín es una ciudad donde el 40% de los impuestos del año pasado se dedicaron a educación.

Medellín ha hecho obligatoria la presencia de obras de arte (murales, esculturas, etc.) en cada infraestructura pública.

Medellín ha construido un metro-cable (teleférico) que ha cambiado la vida de la gente que vive en las colinas. Ahora esas microciudades de chabolas que suben y bajan como las montañas de arcilla sobre las que se encuentran, están conectadas con el mundo.

Medellín es también la cuna de artistas como Fernando Botero, o Juanes.

Las comparaciones son peligrosas, pero la analogía me parece apropiada.
Si Bogotá es el Madrid colombiano, Medellín es la Barcelona de este país.

Como dicen los anglófonos for what it’s worth (algo así como un: ahí lo dejo para que conste) soy madrileña y adoro mi ciudad, y por otro lado soy una absoluta enamorada de Barcelona; y por supuesto se trata de una comparación puramente ilustrativa, porque poco tienen que ver las ciudades españolas con las colombianas.

Me explico. Bogotá es la capital, y sus habitantes, venidos de todas partes del país, sobreviven como pueden a la locura capitalina.
Su carácter es cerrado, son fríos e hipócritas; y sienten una especie de rancia superioridad. Culpable, supongo, de que en el resto del país se haga burla del bogotano.

Medellín es la segunda ciudad en importancia en el país. Es, sin embargo, la que ha desarrollado con mayor ahínco la industria, sobre todo la textil. Son gente emprendedora.
El clima en Medellín es más suave, y por eso la vida hierve en sus calles. Medellín es nacionalista, y los paisas son paisas con orgullo.





Farándula

No puedo resistir la tentación...

El mundo de la farándula se ha convertido en una piñata de monstruos. No hablo de Colombia, sino de España también.

La tontería que tienen por estas tierras con las reinas de belleza (aquí hay misses para todo: cosechas, estaciones inexistentes, la reina del sol, de la noche, de la palmera, del café, de todas y cada una de las localidades del país...), la tontería que tienen con los actores de telenovela, y en general, la tontería que tienen con cualquiera que salga en la tele o una revista, los convierte a todos en dioses idolatrados por el vulgo.

Bueno, pues uno de estos habitantes del Olimpo es Norberto, el peluquero mayor del reino. ¿Os recuerda a alguien?



Seguro que ahora muchos entenderán mi obsesión por no querer convertirme en la Reina del Culebrón. Yo no me corto el pelo hasta que vuelva a mi casa.

¿Cómo se llamarán?

Después de ocho meses, la estupefacción sigue siendo la misma cuando conocemos a alguien y nos dice que se llama, por ejemplo, Leydi, o Lady, o Ladi. Y es que, los nombres en Colombia, no tienen desperdicio.

Imaginad que os llega un mail firmado por Yovany, Heiddy, Maritza, Diosa, Jeiver, Yazmin, o nuestro favorito: Usnavi. O que conocéis a alguien en un bar y resulta que se llama: Astrid (pero con acento en la i), Brisna Neira, Edwing, Eliana, Elysie, Jairo, Jhon o Yon, Martha, Mélida, Narda, o Plinio. Son sólo algunos ejemplos que han provocado risas y en ocasiones carcajadas entre los españoletes (denominación de origen por la que nos conocen por aquí).

Y, en medio de esta fascinación mía por las rarezas, me encuentro con un artículo fantástico, escrito por un colombiano:

"Yo había oído acerca de colombianos de las nuevas generaciones que fueron bautizados por sus padres con nombres extranjeros similares a Usnavy (que traduce Armada de Estados Unidos) o Westinghouse (conocida marca de electrodomésticos). Me pareció divertido, pero nunca lo tomé en serio. Ahora, cuando buscaba otra cosa, he podido conocer las listas de inmigrantes colombianos a España y descubrí que, al lado de los nombrecitos que se han tomado por asalto la vida real, Usnavy y Westinghouse parecen personajes del Quijote.

De pura verdad: se está cometiendo un cataclismo con los onomásticos colombianos. Influidos por la televisión y la prensa, mis compatriotas se han dedicado a nombrar a sus hijos y nietos con una ensalada de inventos angloides, nombres extranjeros mal copiados, ensamblajes de letras de apariencia foránea (X, Y, W, H intermedia, K) e insólitos homenajes a figuras efímeras de reinados de belleza y el mundo del deporte.

El resultado parece gracioso –y lo es– pero también es triste. Un mal entendido afán modernista impulsa a estos despistados padres a castigar a sus pobres hijos con nombres absurdos que, a la postre, les complican la vida, los ridiculizan y atascan los computadores: si hubo que reducir en el alfabeto castellano la ll y la ch por mandato de la informática, imagínense los extravíos y dificultades que presentarán estos nombres de ortografía peculiarísima, caprichosa y variable. Una Y que le falte o le sobre a Yesmystania y dejará de figurar para siempre en el censo.

Algunos ejemplos (mis favoritos resaltados):

Alterego (digno de cita con Freud)
Ardexon
Bressman
Davir Estiuar (con esta ortografía)
Dioseidi
Doriangrei (si Óscar Wilde viviera, no habría permitido que el personaje del famoso retrato se usara para golpear así a alguien)
Dubermay
Edimerki (homenaje a un ciclista europeo que nunca lo supo)
Elimec
Eisenjouer (¡Eijueldiablo!)
Espidy (sí, como Speedy González, el ratón de dibujos animados)
Exenover
Frankeinelty
Gislayner
Guiller Norvairon (menos mal es compuesto)
Haroleder (como don Harold, que era de apellido Eder)
Howard (pero, como es apelativo extranjero, le dicen por el segundo nombre: Navitfagith)
Jarley Estiven
Jhovainer
Jedhiar Nei (el irresistible encanto de las haches intermedias)
Kipler Fenerson
Parsifal (¡lo que puede un padre aficionado a la ópera!)
Quillerkid (en inglés, Niño Asesino)
Rasmilly
Resembrin
Seudix
Tiamefred
Venezolan
Wasminton
Willisford (dos marcas de automóvil distintas, una sola persona verdadera)
Wolkman (podría haber sido Hi Fi, o Equipodesonido, si el bebé hubiera sido un poco más grande)
Yilton
Yujad Alexis
Yuryin Albrin

No se rían. Asistimos a una devastación cultural. Una lengua no está compuesta solo de verbos, artículos, pronombres, conjunciones, proposiciones, adverbios y sustantivos comunes, sino también de sustantivos propios. De nombres. Pregúntenle a un novelista y les dirá hasta qué punto sufre un escritor para procurar a sus personajes nombres creíbles, reveladores, sonoros. Al tolerar el estallido de Yorfadys, Excimireys, Jonjilmeres y demás (todos los anteriores, insisto, son nombres de colombianos que viven en España), se está atentando contra la textura cultural, el espíritu, la estirpe y el casticismo de nuestra lengua.

Algunos países exigen que todo niño que se registre lleve un nombre propio de su idioma (antes, la Iglesia pedía un nombre del santoral, pero proliferaron los Ciriacos, Basilisas y Anastasias). Colombia debería estudiar alguna medida para racionalizar los nombres que portarán esos niños que han de ser el futuro de la patria, gloria misión contra la cual conspira la onomástica extranjerizante.

La libertad de los padres no puede llegar hasta el punto de descargar sobre sus vástagos semejantes gracias. Una cosa es nombrar un hijo, y otra es la afición a jugar con letras y palabras: que saquen crucigramas, hombre, o que aprendan Boggle, pero que no conspiren contra los indefensos muchachitos. Así como les está prohibido a los taitas apuñalar la oreja de un hijo por razones religiosas, sin que eso se entienda como un atentado contra la libertad de la familia, también debería estarles prohibido apuñalar el patrimonio espiritual del guámbito con un Wasminton, una Idirley o una Mitzidiane.

Entre una pequeña restricción destinada a defender los nombres castellanos y el formidable atropello que se perpetra contra la tradición, la prosodia y la fonética de nuestros nombres, es menos grave aquella."

A mí, qué quieren que les diga, me asusta pensar en las posibilidades futuras si continúa esta tendencia absurda de nombrar a los niños según modas. ¿Cuáles serán los inventos del futuro? ¿Facebuks, Guguels, Aipods y Nokias? ¡Qué miedo!

Gracias,Rafa. Por tu ayuda, absolutamente imprescindible porque a mí ya no me conectan dos neuronas, a la hora de recopilar nombres. Y sobre todo sorprenderte tanto como yo con cada uno de ellos.

Artículo: "Postre de Notas: ¿Dónde se metió Erialeth?", Daniel Samper Pizano.