Perder y recuperar la fe

Volver a lugares a los que uno hacía tiempo que no acudía suele recolocar las vísceras, a veces para acomodarlas y a veces para todo lo contrario...

Al bajar las pequeñas escaleras de Clamores un intenso olor a subterráneo húmedo y atabacado se me impregna por toda la piel, como un disfraz o un traje de etiqueta sin el cuál quedara la entrada prohibida. En la sala, vacía, cada silla está en el lugar exacto en que la recordaba, tengo ganas de sonreír, como quien comprueba que es capaz de seguir desenvolviéndose a oscuras por la casa de su infancia, o borracho en el bar. Pero no deja de ser extraño acudir de nuevo a la sala, en otro contexto, y pretexto. Las sillas permanecen, las caras de entonces ya no están. Y vuelvo a tener ganas de sonreír.

Después los murmullos van creciendo, hasta que aparece Pura Fé en el escenario. Y con los minutos recuerdo que el mestizaje suele regalar grandes sorpresas. Tengo ganas de sonreír, y sonrío.


17, número redondo



Versiones

Versiones, y algo más, porque la música brasileña provoca siempre este efecto en mí. Me hace querer siempre más, y más, y suplicar que no acabe nunca ese susurro de garganta que es más dulce que el francés, ni el baño de acordes en la piel, y que el cuerpo siga bailando por dentro para acabar siempre bailando por fuera también.





¿Por qué siempre preguntamos el porqué?

"Les grandes personnes ne comprennent jamais rien toutes seules, et c'est fatigant, pour les enfants, de toujours et toujours leur donne des explications."

Antoine de Saint-Exupery, Le petit prince