Volver a lugares a los que uno hacía tiempo que no acudía suele recolocar las vísceras, a veces para acomodarlas y a veces para todo lo contrario...
Al bajar las pequeñas escaleras de Clamores un intenso olor a subterráneo húmedo y atabacado se me impregna por toda la piel, como un disfraz o un traje de etiqueta sin el cuál quedara la entrada prohibida. En la sala, vacía, cada silla está en el lugar exacto en que la recordaba, tengo ganas de sonreír, como quien comprueba que es capaz de seguir desenvolviéndose a oscuras por la casa de su infancia, o borracho en el bar. Pero no deja de ser extraño acudir de nuevo a la sala, en otro contexto, y pretexto. Las sillas permanecen, las caras de entonces ya no están. Y vuelvo a tener ganas de sonreír.
Después los murmullos van creciendo, hasta que aparece Pura Fé en el escenario. Y con los minutos recuerdo que el mestizaje suele regalar grandes sorpresas. Tengo ganas de sonreír, y sonrío.
Al bajar las pequeñas escaleras de Clamores un intenso olor a subterráneo húmedo y atabacado se me impregna por toda la piel, como un disfraz o un traje de etiqueta sin el cuál quedara la entrada prohibida. En la sala, vacía, cada silla está en el lugar exacto en que la recordaba, tengo ganas de sonreír, como quien comprueba que es capaz de seguir desenvolviéndose a oscuras por la casa de su infancia, o borracho en el bar. Pero no deja de ser extraño acudir de nuevo a la sala, en otro contexto, y pretexto. Las sillas permanecen, las caras de entonces ya no están. Y vuelvo a tener ganas de sonreír.
Después los murmullos van creciendo, hasta que aparece Pura Fé en el escenario. Y con los minutos recuerdo que el mestizaje suele regalar grandes sorpresas. Tengo ganas de sonreír, y sonrío.



