Versiones, y algo más, porque la música brasileña provoca siempre este efecto en mí. Me hace querer siempre más, y más, y suplicar que no acabe nunca ese susurro de garganta que es más dulce que el francés, ni el baño de acordes en la piel, y que el cuerpo siga bailando por dentro para acabar siempre bailando por fuera también.
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