Lentejas

Bogotá me gusta más cuando llueve, es más sincera. Como esta tarde, con las calles convertidas en ríos sucios, y los peatones esquivando duchas, sucias también, cada vez que pasa un coche, o jugando a cruzar las lagunas que se forman en la acera, o el asfalto; nos da miedo hundirnos y no salir más. La lluvia cae con furia, como si quisiera borrarnos a todos de estas montañas. Y borrar, y borrar, y borrar, hasta que no quede ni el rastro y todo se haga verde otra vez. Suena una bomba que me electriza cada centímetro de piel, no es más que un trueno, pero me asusta, y a la señora de la tienda de debajo de mi casa también. Hija, ten cuidado con los árboles, no vaya a ser que caiga un rayo. Me dice ella cuando entro. Y a mí se me llenan los ojos de lágrimas al escuchar su acento riojano. Hoy hace cinco meses que llegué y he decidido regalarme un trozo de tortilla española y un chorizo para las lentejas que dejé anoche en remojo.

1 comentarios:

javier p. dijo...

La lluvia ¡qué delicia sería en este desierto!

Mi próximo viaje será en su búsqueda: poco importará el sitio mientras llueva en él.

Y los días van pasando: espero que estés bien.