Nieve

Un día decido que mi espalda se va a doblar como el bambú, y saco del bolso todas las cosas fundamentales que llevo conmigo y al final no utilizo más que de tanto en tanto (cámara, cuaderno, estuche, libro, bolsa del maquillaje, tres manojos de llaves...). Resulta que este acto surte el mismo efecto que limpiar los cristales. Si con el segundo lloverá de forma irremediable, con el primero sucederá algo que merecerá ser fotografiado (para escribirlo siempre es fácil hacerse con una servilleta de papel).

Hoy nieva en Madrid. Una nieve de verdad, de copos gordos que cuajan y colorean todo de blanco. El lomo de los gatos que corren a refugiarse en algún rincón de las calles de Madrid. La espina dorsal de las farolas agachadas. El aire. Los cables tendidos sin pájaros. Los carteles luminosos sin miedo al cortocircuito. Los recovecos de las fachadas. Las pinzas de la ropa que hoy tiritan solas en los patios de luces. Los bancos de madera sin viejos con boina ni palomas. Las bicicletas que esperan al verano en los balcones. Los pasamanos de los puentes. La mano de Botero. Los toboganes de los parques. Los sillones de muelles escapistas abandonados junto a algún contenedor. Y la punta de la nariz de las estatuas repartidas por todo Madrid.

1 comentarios:

Grego dijo...

Y yo va y cojo justo un avión 12 horas antes desde Madrid. Me lo perdí!!

Por cierto, tendrías que plantearte seriamente escribir para alguna publicación. Te quedo muy bonito y poetico el post.

Bsos!!