Lluvia

Yo pensaba que sólo los eclipses eran capaces de convertir el día en noche. Sin embargo, en Bogotá, durante una semana, se estuvo haciendo de noche a las dos y media de la tarde. Ahora sucede cuando al cielo le viene en gana.

Las nubes aquí son espesas, son esas bolas de algodón inmensas que provocan turbulencias en el avión cuando se atraviesan. Pero de color gris, de un blanco manchado. Y cuando hacen una fiesta se juntan todas mucho. Se arriman unas a otras y bailan pegadas, como en una pista abarrotada, sin dejar ni un huequito de cielo a la vista. Es entonces cuando el día se vuelve noche, y de tanto baile empiezan a sudar a chorros. Nos mojan a todos en medio de la oscuridad. Pero, he decidido no enfadarme, porque en un rato, se vuelve a hacer de día y todo vuelve a ser normal. Además, a mí me gusta llorar, y prefiero hacerlo en privado, pero a veces no se puede controlar. Así que, a cambio de tantas lágrimas públicas, ahora voy a disfrutar de cada gota que caiga durante estos eclipses de fantasía.

Y se hizo la luz...

El primer día Dios creo la luz y la oscuridad. A mí me ha costado un mes llenar de luz esta experiencia. El mérito lo tienen varias personas: mi madre, que no para de decirme que "suda orgullo"; María, Isa, Clemente y Perico, que están lejos, y más por esta incapacidad mía para la comunicación a distancia, y, a pesar de todo, tengo la certeza de que están aquí conmigo; Lino, tanto por su insistencia como por su paciencia; Pablo, por su positivismo y sus ganas de exprimir Colombia; Lluc, por acompañarme en cada paranoia; los Fenómenos en general, porque me siguen llenando de cariño en sus mails; y, Enrique en particular, por haberme recordado quién soy, y por qué hay tanta gente a mi alrededor que me cuida.

Todas las ciudades tienen un color y una textura. Londres, París, Madrid. Forma parte de su personalidad, la definen. Y en las películas los directores de fotografía redefinen esos colores y texturas, los imitan, los trastornan. A mí, el director de fotografía de Bogotá no me cae bien. Así que he decidido reelegir la película apropiada para contemplar esta ciudad.

Excursión a Zipaquirá, en busca de espiritualidad en las tripas de una montaña de sal. Pero no es la luz fluorescente de la catedral de la que hablo. Los viajes abren los ojos, parece que pasan más cosas cuando uno se mueve. Hoy es un día de sol, y la realidad, de pronto, me ilumina.

En un trencito a vapor la emoción de los niños se me contagia, y a ratos no sé si mis risas son también culpa de las de Sofía, esa niña de rizos y ojos vivos que se sienta justo detrás.

Salir de Bogotá, salir del ghetto.

Hoy tengo ganas de hacer fotos, y la cámara me advierte que no aguantará este ritmo mucho rato. No importa, que capture lo que tenga que capturar, lo demás me lo guardo detrás de los ojos, aunque sea con la inquietud de saber que lo que no mire ahora no volverá a suceder.



Tere: Woman's world

Se lo he dicho varias veces, y ahora lo confieso públicamente. Tere consigue que desee ser hombre para hacerla mía. Se me hace una tía fuerte y valiente. Se me hace una mujer con cuerpo de mujer. Se me hace un carácter dulce, edonista, y al mismo tiempo voraz y calmado.
Me gusta Tere, me gusta mucho.
Y yo, como un adolescente con granos me sentía intimidado de tanta mujer, me ponía nervioso al hablar con ella, y me sentía poca cosa a su lado. Pero, el platonismo es lo que tiene, sentía un ansia incontrolada de estar cerca de ella, reunir el valor para acercarme y ser grandilocuente más que elocuente. Y abrir mis plumas como un pavo, hacerlas brillar para que se fijara en mí. Pero la torpeza de la adolescencia me lo impedía, y me tropezaba con tantas plumas, o acaso se me tropezaba la lengua con tantas copas.
Pastora está en el recuerdo de todos los Fenómenos. En el mío está una noche de birras, en un bar de cuyo nombre ni me acuerdo porque para mí esa noche todo se llamaba Tere. Y en medio de la embriaguez, de ambas, de todos, yo miraba absorta un cuadro en la pared. Un cuadro en rojos de una mujer desnuda. Una mujer pelirroja con cuerpo de mujer, de carnes grandes, de pechos inmensos, y de una belleza hipnótica. "Ese podría ser mi retrato dentro de unos años" se rió Tere. "Me encanta" respondí con seriedad. Me encanta.
Admiro la persona que Tere ha decidido ser. Su locura y su sensatez, su pasotismo y su dedicación. Admiro su sentido del humor, y la forma en que se ríe de la vida, empezando por ella misma.
Tere me ha regalado muchas más cosas de las que imagina. Por culpa de la estupidez adolescente esa que me ataca cuando la tengo cerca no pude disfrutarla tanto como hubiera querido, pero estoy contenta.
Y me sigue regalando y enseñando y produciendo cada vez más admiración.


BS Octubre 07