Yo pensaba que sólo los eclipses eran capaces de convertir el día en noche. Sin embargo, en Bogotá, durante una semana, se estuvo haciendo de noche a las dos y media de la tarde. Ahora sucede cuando al cielo le viene en gana.
Las nubes aquí son espesas, son esas bolas de algodón inmensas que provocan turbulencias en el avión cuando se atraviesan. Pero de color gris, de un blanco manchado. Y cuando hacen una fiesta se juntan todas mucho. Se arriman unas a otras y bailan pegadas, como en una pista abarrotada, sin dejar ni un huequito de cielo a la vista. Es entonces cuando el día se vuelve noche, y de tanto baile empiezan a sudar a chorros. Nos mojan a todos en medio de la oscuridad. Pero, he decidido no enfadarme, porque en un rato, se vuelve a hacer de día y todo vuelve a ser normal. Además, a mí me gusta llorar, y prefiero hacerlo en privado, pero a veces no se puede controlar. Así que, a cambio de tantas lágrimas públicas, ahora voy a disfrutar de cada gota que caiga durante estos eclipses de fantasía.
Las nubes aquí son espesas, son esas bolas de algodón inmensas que provocan turbulencias en el avión cuando se atraviesan. Pero de color gris, de un blanco manchado. Y cuando hacen una fiesta se juntan todas mucho. Se arriman unas a otras y bailan pegadas, como en una pista abarrotada, sin dejar ni un huequito de cielo a la vista. Es entonces cuando el día se vuelve noche, y de tanto baile empiezan a sudar a chorros. Nos mojan a todos en medio de la oscuridad. Pero, he decidido no enfadarme, porque en un rato, se vuelve a hacer de día y todo vuelve a ser normal. Además, a mí me gusta llorar, y prefiero hacerlo en privado, pero a veces no se puede controlar. Así que, a cambio de tantas lágrimas públicas, ahora voy a disfrutar de cada gota que caiga durante estos eclipses de fantasía.


