Surreal

No sé por qué, pero uno se siente distinto el día de su cumpleaños. Para bien, para mal, para lo que sea, pero no es un día como otro. Y, qué coño, ¡a mí me encanta que así sea!

Así que amanezco con plena conciencia de que hoy es mi cumpleaños. Hoy es mi 25 cumpleaños. Y en realidad llevo una semana ya celebrándolo exactamente como lo soñé.

Paso la mañana secuestrada en el skype, y trato de hablar con todos aquellos a los que hoy echaré de menos, y aún así me faltaron demasiados.

Comemos en Voulez-Bar, mis niños, y los que ya casi empiezan a serlo Gabi y Nacho que me cuidan también como buenos anfitriones.



Reencuentro Horvilleur después de 10 años. Se cierra el ciclo de visitas, a partir de ahora que sea en dónde sea, pero que esta familia tenga lugar.



Y nos vamos de compras, un tanto huracanadas. No tardamos mucho en encontrar lo que nos gusta. Así que nos volvemos locas en el probador de Chocolate, o yo me vuelvo loca y de paso a Encarni también. Y no paro de poner perchas en mis brazos. Y esto, ¿cómo lo ves? Ay, ¡este me encanta! Nena, pruébate esto, uy, y este bolso te pega un montón. Perdona, ¿me puedes sacar esto en mi talla? Ah, y las botas esas también... Y después nos encerramos en el mismo cubículo a echar cuentas con la calculadora, que una cosa es un cuánto cuesta, y otra es pasar la tarjeta.
Y mientras pagamos la dependienta mira con atención mi apellido en el DNI, y se loenseña a la otra niña, y mi primo que andaba sonando por los altavoces mientras nos probábamos media tienda. ¿Sos familia?, me pregunta. , respondo. Y Encarni y yo nos reímos, porque Emma nos trajo en coche casi hasta la tienda.

Y después a hacer tiempo en casa de Encarni. Y como tonta no soy, llevo todo el día sin preguntar qué haremos por mi cumple. A mí se me va haciendo raro que sea tan tarde, pero como veo a Encarni atacada (por la sorpresa), pero tranquila, decido imitarla y no preguntar. Nos arreglamos, y después de varias crisis con el espejo, mías todas, por supuesto, salimos a la calle.

Luis: Un hombre a un sombrero pegado


Hay personas extraordinarias. Hay personas que provocan un impacto tan fuerte que las reacciones del resto se vuelven radicales. Amor-Odio. Hay personas especiales que emiten una energía que asusta. Y hay algunos de ellos, que además son lo suficientemente generosos como para dejar que los simples mortales nos acerquemos a ellos.

Yo tengo la suerte de poder afirmar con rotundidad que soy amiga de Luis Espinosa Goded.

Aprendí su nombre en una tarjeta blanca, escrita en letras decadentes y maravillosas. Me las regaló mi abuela, me dijo Luis al entregármela, ¿a que es preciosa? Y, por supuesto que lo era, más allá de la estética, aquella tarjeta en mis manos, me pareció algo precioso.

Nosotros ya lo hemos hablado, pero fue hablando con Rubén cuando me di cuenta de lo extraordinario de mi amistad con Luis. Yo estoy tranquilo, me dijo el asturiano, porque sé que aunque os peleéis, os mandéis a la mierda, o pase lo que pase, a Luis y a ti os une algo muy fuerte, una atracción por el polo opuesto sostenida por el respeto. Y yo creo que es verdad, y creo también que se nota. Luis y yo somos radicalmente distintos, una combinación difícil de explicar, y, sin embargo, ambos nos sorprendimos al sentirnos fascinados por el otro.

Luis, tú ya lo sabes pero, te quiero.

No me cansaré nunca de contar el asombro que se apoderó de Rubén y de mí durante una clase de contabilidad. Había que relizar un ejercicio por grupos, así que nuestro F-4, como hacían también los demás , discutía la solución, y el profesor hablaba. Luis, como casi siempre, andaba un poco disperso, escribía sin parar con su pluma en un folio blanco, jugaba con los dedos mientras pensaba, y de vez en cuando intervenía con mucho acierto en la conversación del grupo. Rubén y yo nos mirábamos estupefactos. ¿Qué escribes?, le preguntamos. Un discurso político, dijo mientras seguía escribiendo, y nos explicó que era para un acontecimiento del partido, ya sabes... Y siguió escribiendo, y siguió participando, y en un momento dado alzó la mano, sin levantar la vista del papel. Y cuando Navajas, el profesor, dijo su nombre, Luis lanzó una pregunta de esas suyas, bien rebuscada, bien coherente y bien dificil de contestar. Rubén y yo no podíamos creerlo, así que en un despiste cogimos aquella hoja, y nos seguimos sorprendiendo al descubrir que aquel discurso también era coherente, tenía un objetivo y se iba desarrollando con cada línea. Aquel día descubrimos el policronismo intelectual en estado puro. Ese día también decidí que Luigi siempre lleva sombrero para proteger esa prodigiosa cabeza suya.

La reina del culebrón

El día que llegué a Lima, el personal de la Ofecome celebraba la comida de Navidad. Hoy en Buenos Aires se celebra la copita de año nuevo en casa de Jorge, el consejero. Y yo, como una becaria polizón, no tengo vergüenza en colarme en sus fotos, en sus copas, y sobre todo en la mesa de comida, tortilla de patatas, embutidos, y ¡hasta gazpacho! Qué bueno. Y, por si acaso, yo ofrezco mis servicios, ¿no os hace falta una becaria más?, que yo pongo cafés y lo que haga falta. Creo que no me tomaron en serio...

Yo dejé libertad a Rubén y Encarni para planear lo que les pareciera más conveniente durante estos días. La única condición quiero ir a una peluquería. Y a todos les hacía gracia esta especie de obsesión terrible mía de cortarme el pelo en Buenos Aires. A mí no me hacía ninguna. Lidiar con los peluqueros colombianos es una lucha terrible por no convertirme en la reina del culebrón, seguro que aquí comprenden mejor mis demandas europeas.

Noche de tango en la Viruta. Y entre birra y pizza, de pronto, Encarni se me cuelga del cuello. ¡Nena, Felicidades! Son las 00.00, y técnicamente es mi cumpleaños. Aunque con tanto cambio horario ya no sé cuándo es y cuándo no.

Aún así, nos vamos todos a tomar aguas a una terraza del soho.


BS Enero 08