Luis: Un hombre a un sombrero pegado


Hay personas extraordinarias. Hay personas que provocan un impacto tan fuerte que las reacciones del resto se vuelven radicales. Amor-Odio. Hay personas especiales que emiten una energía que asusta. Y hay algunos de ellos, que además son lo suficientemente generosos como para dejar que los simples mortales nos acerquemos a ellos.

Yo tengo la suerte de poder afirmar con rotundidad que soy amiga de Luis Espinosa Goded.

Aprendí su nombre en una tarjeta blanca, escrita en letras decadentes y maravillosas. Me las regaló mi abuela, me dijo Luis al entregármela, ¿a que es preciosa? Y, por supuesto que lo era, más allá de la estética, aquella tarjeta en mis manos, me pareció algo precioso.

Nosotros ya lo hemos hablado, pero fue hablando con Rubén cuando me di cuenta de lo extraordinario de mi amistad con Luis. Yo estoy tranquilo, me dijo el asturiano, porque sé que aunque os peleéis, os mandéis a la mierda, o pase lo que pase, a Luis y a ti os une algo muy fuerte, una atracción por el polo opuesto sostenida por el respeto. Y yo creo que es verdad, y creo también que se nota. Luis y yo somos radicalmente distintos, una combinación difícil de explicar, y, sin embargo, ambos nos sorprendimos al sentirnos fascinados por el otro.

Luis, tú ya lo sabes pero, te quiero.

No me cansaré nunca de contar el asombro que se apoderó de Rubén y de mí durante una clase de contabilidad. Había que relizar un ejercicio por grupos, así que nuestro F-4, como hacían también los demás , discutía la solución, y el profesor hablaba. Luis, como casi siempre, andaba un poco disperso, escribía sin parar con su pluma en un folio blanco, jugaba con los dedos mientras pensaba, y de vez en cuando intervenía con mucho acierto en la conversación del grupo. Rubén y yo nos mirábamos estupefactos. ¿Qué escribes?, le preguntamos. Un discurso político, dijo mientras seguía escribiendo, y nos explicó que era para un acontecimiento del partido, ya sabes... Y siguió escribiendo, y siguió participando, y en un momento dado alzó la mano, sin levantar la vista del papel. Y cuando Navajas, el profesor, dijo su nombre, Luis lanzó una pregunta de esas suyas, bien rebuscada, bien coherente y bien dificil de contestar. Rubén y yo no podíamos creerlo, así que en un despiste cogimos aquella hoja, y nos seguimos sorprendiendo al descubrir que aquel discurso también era coherente, tenía un objetivo y se iba desarrollando con cada línea. Aquel día descubrimos el policronismo intelectual en estado puro. Ese día también decidí que Luigi siempre lleva sombrero para proteger esa prodigiosa cabeza suya.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Gracias LU.
Simplemente puedo decir: Gracias.
Me has llegado, como siempre llegas, con esa prosa tan magnífica con que te manejas.
Hoy he llegado, tras una noche rara, a la oficina, me he vuelto a conectar para "verte" como casi cada mañana a primera hora, y me encuentro con este post tan cariñoso, tan tan bonito que he vuelto a llorar, una lagrimita, otra vez.
No estaba yo en mis mejores horas esta mañana, pero leerte, me ha hecho fuerte. De hecho me he acordado de cuando escribía artículos políticos en clase y le he sacado un rato esta mañana para esbozar otro... y te lo digo puesto que ese cariño que me has dado me ha encorajinado para hacer cosas, más cosas, claro que sí. ¿te acuerdas de cómo nos cundían los días a todos los del grupo en el ceco?, eso era porque teníamos ánimo de hacer las cosas; y eso es lo que me has transmitido, me has re-animado Lu.
Tus palabras son preciosas, como siempre, y además llegan cuando más las necesitaba, y eso te lo agradezco en el alma.
GRACIAS LUCÍA.
Luis