Ragga


Desayunar pescado, rebozado.

Playas infinitas y plagadas de cangrejos rojos, de sus huecos en el suelo, y las bolitas de arena que expulsan para crearlos.

Baños y más baños entre aguas calientes y turbias. Arena negra, y piedras de colores.

Negros jugando fútbol, ofendiendo la vista con la perfección de sus cuerpos.

Emberas cargando cestos, o empujando canoas en la orilla.

Y hasta en este lugar recóndito tenemos que ceder al turismo ganado colombiano.

Los chicos se van de paseo por el pueblo. Quizás tenga la culpa el relax de hamaca mientras leo las últimas páginas de Tokio Blues, viendo el sol ponerse, entre palmeras, junto este océano que me separa de Japón; pero Murakami me deja un sabor sencillo en la boca que no quiero tragar para que no desaparezca.


Elegantísimo

La aerolínea nos cita en el aeropuerto más temprano de lo que hubiéramos deseado, una vez más, el día antes nos cambian los horarios.

Dos aviones nos separan del Pacífico: uno de Bogotá a Medellín, el segundo de Medellín a Nuqui. Una pequeña avioneta con la que tuvimos que aterrizar en un pueblo cercano a nuestro destino final, y esperar, y esperar, a que la lluvia cesara y nos dejara, por fin, aterrizar en Nuqui.



Y una vez allí, seguir a Filomena hasta la primera de nuestras cabañas, digerir el pescado que nos estaba esperando, y descubrir más tarde que el agua del Pacífico está caliente aquí.

Sobremesa de noche, una botella de ron, musiquita "elegantísima" como repetía sin descanso Andi con una gran sonrisa, y lagartijas limpiacasas cerca de cada bombilla.

Haciendo lo nuestro


Mañana aterriza en Bogotá el pedacito de carne que me dejé en Madrid.
Como dice mi madre, durante el mes de agosto, volveré a ser yo.

"Vicios y placeres que nos subyugan, eh, eh, ¿cual es el tuyo?,
Quiza escribes, bebes, fumas, ¿o un poco de todo?
Olvida el mundo y ven de viaje a esta apología del hedonismo y deja que te atrape"


Soledad

Conocer algo no significa haberlo descubierto, y yo recuerdo con escalofríos aquella tarde de té en casa de mi hermano mayor, con música llena de color para combatir la lluvia en París. Descubrí Presuntos Implicados, y descubrí la voz de Sole Giménez.

Quienes han vivido y convivido conmigo están hartos de escucharme cantar: canto poseída en el coche mientras conduzco; canto para relajarme cuando estoy nerviosa; canto porque estoy contenta, o para sonreír cuando estoy triste; canto para llorar cuando no me salen las lágrimas; canto para gritar cuando me lleno de furia; me encierro en mi cuarto por horas y canto; y en la ducha, claro, también canto.

Entre otras voces que me acompañan, Sole ha estado siempre conmigo para vomitar miedos.