Desayunar pescado, rebozado.
Playas infinitas y plagadas de cangrejos rojos, de sus huecos en el suelo, y las bolitas de arena que expulsan para crearlos.
Baños y más baños entre aguas calientes y turbias. Arena negra, y piedras de colores.
Negros jugando fútbol, ofendiendo la vista con la perfección de sus cuerpos.
Emberas cargando cestos, o empujando canoas en la orilla.
Y hasta en este lugar recóndito tenemos que ceder al turismo ganado colombiano.
Los chicos se van de paseo por el pueblo. Quizás tenga la culpa el relax de hamaca mientras leo las últimas páginas de Tokio Blues, viendo el sol ponerse, entre palmeras, junto este océano que me separa de Japón; pero Murakami me deja un sabor sencillo en la boca que no quiero tragar para que no desaparezca.
Ragga
Publicado por amaranta en jueves, agosto 07, 2008
Etiquetas: locombia, travesiaenaltamar
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2 comentarios:
Lucía!!!!!
Vaya sitio más bonito y, qué feliz se te ve con tu hermano.
Tengo muchísimas ganas de verte y de darte un abrazo de mamá!!!!!!
un beso grande
Ey¡¡¡ Me encantá ese libro, es uno de mis favoritos....aunque no se si deberías leerte más de Murakami, porque después de ése decepcionan un poco...
Me alegro de que estés disfrutando de estas últimas semanas.
un beso desde Brasil
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