Elegantísimo

La aerolínea nos cita en el aeropuerto más temprano de lo que hubiéramos deseado, una vez más, el día antes nos cambian los horarios.

Dos aviones nos separan del Pacífico: uno de Bogotá a Medellín, el segundo de Medellín a Nuqui. Una pequeña avioneta con la que tuvimos que aterrizar en un pueblo cercano a nuestro destino final, y esperar, y esperar, a que la lluvia cesara y nos dejara, por fin, aterrizar en Nuqui.



Y una vez allí, seguir a Filomena hasta la primera de nuestras cabañas, digerir el pescado que nos estaba esperando, y descubrir más tarde que el agua del Pacífico está caliente aquí.

Sobremesa de noche, una botella de ron, musiquita "elegantísima" como repetía sin descanso Andi con una gran sonrisa, y lagartijas limpiacasas cerca de cada bombilla.

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