Delicioso caramelo

Una sala de cine otorga la intimidad perfecta para el llanto, una película deliciosa y llena de ternura, lo justifica, y la presencia callada de los desconocidos evita exaltaciones.

He pasado la tarde rodeada de mujeres libanesas, personajes de ficción a los que me he agarrado como si fueran personajes de mi propia vida, y me he enamorado de ellas, particularmente de Nadine Labaki, de su belleza, de sus historias y de ese mundo que las envuelve que me es absolutamente conocido y desconocido.

La ventana indiscreta

No sé nada del hombre que hay siempre sentado en esa banqueta. Se pasa los días ahí, vestido de traje, sin corbata, y con la chaqueta colgada del respaldo de su taburete de bar, uno de esos altos acompañado de su eterna mesita redonda, también alta y de metal. Frente a él, encima de la mesita, siempre está el ordenador portátil, siempre abierto y encendido, y conectado, claro, a la red eléctrica. No importa la hora, a las diez de la mañana, las dos de la tarde, las cuatro, a las cuatro y media también, toda la tarde y la noche hasta que desaparece. Supongo que para dormir. A mí me da tristeza, tan incómodo el pobre durante tantas horas al día, y en la misma posición.

Como me parece tan extraordinario, reconozco que he empezado a espiarle, y mientras me voy moviendo por casa (que si ahora ordeno, que si ahora leo, que si canto que si bailo), pues yo le echo una ojeada a este hombre. Eso sí, cuando me acerco a las ventanas y rozo la indiscreción, disimulo y encojo la boca confirmando que llueve, o muevo afirmativamente la cabeza las pocas veces que hace sol. Él siempre está ahí, sentado al borde de su taburete, con el ordenador enfrente, abierto y encendido, en la tercera ventana, empezando por la izquierda, del segundo piso de la fachada que hay frente a la mía.


De momento



Mira tú
la vida puede sorprenderte mucho más
que cien años que pases en el mismo lugar
creyendo que lo has visto to’
y no has visto na’
y no sabes na’

Fiate tú
tanto y tanto como ando yo de aquí p’alla
casi siempre tonteando y sin adivinar
que esto dura lo que dura
y hay que aprovechar

De momento
la vida pasa de momento
de momento
aquí todo es de momento (bis)

Yo sé bien
que tengo que luchar para sobrevivir
que nadie será el dueño de mi porvenir
tan sólo yo puedo saber que quiero ser
y proceder

Puede ser
que viva de ilusiones que yo fabriqué
que tenga en los bolsillos sólo arena y fe
pero del aire no me puedo alimentar
esa es la verdad

Y aquí estoy
jodido por este camino que escogí
pero vale la pena llegar hasta el fin
hay que sentir del amanecer
para crecer

Pero sé
que aún me quedan lágrimas por derramar
será el precio que pague por mi libertad
quiero sentir que hice lo que yo
de verdad soñaba 
No quiero ser
alguien que se torture cada día más
que lo tuvo en sus manos y lo dejó escapar
Lo que te da la vida
también te roba el alma

Por culpa de un pirata



El casco viejo de la ciudad de Panamá se moderniza, vacían sus tripas, pero se rescatan sus fachadas. No son éstas las calles primeras de Panamá, Por culpa del pirata Morgan, la ciudad vieja desapareció en un incendio .