Una sala de cine otorga la intimidad perfecta para el llanto, una película deliciosa y llena de ternura, lo justifica, y la presencia callada de los desconocidos evita exaltaciones.
He pasado la tarde rodeada de mujeres libanesas, personajes de ficción a los que me he agarrado como si fueran personajes de mi propia vida, y me he enamorado de ellas, particularmente de Nadine Labaki, de su belleza, de sus historias y de ese mundo que las envuelve que me es absolutamente conocido y desconocido.
He pasado la tarde rodeada de mujeres libanesas, personajes de ficción a los que me he agarrado como si fueran personajes de mi propia vida, y me he enamorado de ellas, particularmente de Nadine Labaki, de su belleza, de sus historias y de ese mundo que las envuelve que me es absolutamente conocido y desconocido.



0 comentarios:
Publicar un comentario