Arena

En la arena todo vale.
Las piruetas, porque los golpes duelen menos.
Los delirios, porque todos se borran al pasar la mano.

Callejear

Había olvidado la magia de un piropo de sorpresa, la simpatía que te aborda al traspasar una esquina, un silbido, o una frase amable que, de súbito, te llenan de rojo y sonrisa la cara.

Las callejuelas me llenan el ánimo de ocres, y tengo ganas de instalarme por siempre por un rato en un balcón de rejas y cortina blanca.

Me gusta todo lo que veo, pura armonía, Por desgracia descubro que agradezco esa armonía como las bocanadas de aire a las que uno se agarra entre aguadillas. Qué injusto, coño, que lo lógico sea por desgracia escaso.

Bálsamo

A veces entramos en un bucle, como si nos perdiéramos en las callejuelas del centro de una ciudad y camináramos creyendo saber dónde están las referencias, para acabar llegando a la misma plazoleta de la que partimos. Parece que una llave fuera necesaria para abrir ese bloqueo y, a veces, un nuevo paisaje, el mar, o la compañía apropiada son capaces de abrir inmediatamente la puerta que no encontrábamos.

En pocas horas Mallorca se transforma de isla en balsa, y también en bálsamo.



Lunes de sol