Callejear

Había olvidado la magia de un piropo de sorpresa, la simpatía que te aborda al traspasar una esquina, un silbido, o una frase amable que, de súbito, te llenan de rojo y sonrisa la cara.

Las callejuelas me llenan el ánimo de ocres, y tengo ganas de instalarme por siempre por un rato en un balcón de rejas y cortina blanca.

Me gusta todo lo que veo, pura armonía, Por desgracia descubro que agradezco esa armonía como las bocanadas de aire a las que uno se agarra entre aguadillas. Qué injusto, coño, que lo lógico sea por desgracia escaso.

1 comentarios:

Miss Brightside dijo...

por lo menos te ha llegado el aire¡¡¡