Reconciliación I

Le he pedido una tregua a Bogotá. O, quizás, se la he concedido, no sé.


Comida en uno de esos patios de mi casa, tan particular.

Me sorprendo en víspera de reyes en un cementerio de juguetes.
Pasear, mirar, disparar y descansar.
Y jugar como niños: al billar envueltos de rojo, al ajedrez envueltos de fuego.

El cielo entre palmeras


El puro azar nos subió a una camioneta blanca en la entrada del Tayrona. Por puro azar también la misma camioneta nos vuelve a sacar hoy del parque.

Recibimos el año tumbados en la playa y viendo estrellas, con lecciones de astronomía, hablando de relatividad, de gusanos espaciales y mundos paralelos. Y descubro que este cielo también es una bola de cristal, grandiosa cúpula celeste.
Naturaleza, simbiosis, ecosistema, madre tierra y universo. Verde, marrón y azul, y todo vivo, y todo conectado.

Caminatas infinitas por el parque, y careteo. Nicanor, el mejor guía del parque, sí, claaro.



BS Diciembre 07

El Lago Azul


Será porque de niña soñé tanto con este lugar que ahora sus playas no se me hacen algo extraño. ¡Esto era la beca! Conocer este mar, las rocas redondas, las montañas y la selva, las autopistas de hormigas que llegan a copas que no alcanzo a ver, los senderos de barro, las bestias, y ahora también las estrellas. Tranquilidad en Castilletes después del caos de los campings.

Charla literaria y sándwich, filosofía del importaculismo, taller de estrellas y un buenas noches en carpa, hoy sin miedo, sin ratas, sin arañas.