Entre tanto asfalto se me estropeó la brújula de Sparrow, y durante una semana la cabeza me dio tantas vueltas que me mareé.
Salir de Madrid parecía la mejor alternativa. Así que, de un brinco, me instalé en el coche de Guille. No lo pensé demasiado. Se me ocurrió que un coche ganado en un concurso de la tele sólo podía conducirnos a viajes fantásticos.
Por primera vez he entendido el concepto escapada de fin de semana. Las montañas me secuestraron por unos días. El coche se alejó de Madrid y, según corrían los kilómetros, rodaba más ligero. Perdí la cobertura. Me vino bien obligar a la ansiedad. Cuál es la inquietud por saber la hora cuando no hay nada que hacer.

Kalandraka, me refugió en la Sierra de Guara. Música entre montañas, y un cielo lleno de estrellas imposibles, de las que brillan más de lo que a los paletos de ciudad nos parece verosímil. Y de pronto ver la luna salir tras la silueta de una montaña, como un foco en forma de gajo. Ya sea por la cerveza, la marihuana, el cansancio, o la resaca del mareo, esa noche me desplomé sin vergüenzas, y me dejé dormir.
Me bañé de sol y de río, pero sobre todo de silencio. Y la aguja de la brújula sigue dando vueltas como loca. Pero no pasa nada, traigo la nuca cargada de calma.



1 comentarios:
Qué pasa tronqui?
Espero no hayas dejado esto totalmente de lado, y se vea de vez en cuando.
Aprovecho para mandar un abrazo grande. A ver cuando nos encontramos,
Ciaos, Diegolas
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