365 islas, y una es nuestra
Publicado por amaranta en martes, septiembre 09, 2008 0 comentarios
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Kuna Yala
Levantarse a las cuatro de la mañana merece la pena si hay un buen motivo, y Kuna Yala lo es.
No sé ni cuántos ni en cuántos coches, pero con los ojos aún cerrados emprendemos el camino. Se suceden las paradas, porque sí, para comprar víveres, porque nos para la policía de tráfico, porque sí de nuevo, y porque hay que enseñar los pasaportes. Y al fin se ha hecho de día, y ya no hay más paradas, ni tampoco más asfalto. Rumbo al norte en busca del mar Caribe atravesamos la selva por caminos de tierra roja, cielos azules y orillas verdes.
No sé ni cuántos ni en cuántos coches, pero con los ojos aún cerrados emprendemos el camino. Se suceden las paradas, porque sí, para comprar víveres, porque nos para la policía de tráfico, porque sí de nuevo, y porque hay que enseñar los pasaportes. Y al fin se ha hecho de día, y ya no hay más paradas, ni tampoco más asfalto. Rumbo al norte en busca del mar Caribe atravesamos la selva por caminos de tierra roja, cielos azules y orillas verdes.
El mar y el sol vertical nos esperan al final de la selva. Ricardo y su cayuco, y cientos de islotes repartidos con descuido en medio del agua. Me viene a la mente el estrecho de Gibraltar, también el Relato de un Náufrago, y sin embargo lo que me obsesiona es la falta de sorpresa que siento. Por supuesto, me siento conmovida por tanta belleza natural, sin embargo, no me sorprende, llevo demasiado tiempo disfrutando este paisaje magnífico que es el Caribe, y se me apodera la rabia al pensar que es necesario comer un poco de arroz para recordar lo rico del caviar.
Una hora bajo el sol, achicando el agua del cayuco, y embriagándome de caviar, de agua, de sol y de islas. Por fin llegamos a la nuestra: isla Pelícano, la casa de Ricardo y su familia, un islote del tamaño de un jardín.
¿Qué se hace en un sitio donde no hay nada que hacer? Se gamberrea como los niños, se evita que a uno le caiga un coco en la cabeza, y se sueña con escalar una palmera al estilo Keith Richards, se contempla con los ojos entrecerrados por el resplandor la transparencia del agua y los tesoros que guarda (corales, conchas y peces de colores). Y por la noche, a la luz de una pequeña fogata de hojas de palma,como piratas en descanso bañamos las gargantas con ron, y con unos puros venidos de la mismísima Cuba gracias a las Compañeras.
Publicado por amaranta en domingo, septiembre 07, 2008 1 comentarios
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Hot Spot
Unir los océanos Atlántico y Pacífico por un punto intermedio del continente americano se convirtió en una obsesión ya en el siglo XV. Los hombres somos ambiciosos y testarudos, y acortar tiempos de transporte así como minimizar riesgos (sin el canal, los buques debían atravesaban el cabo de Hornos contra icebergs, vientos y mareas, en rutas eternas y peligrosas, no sólo para los navíos y sus tripulantes, sino para las preciosas cargas que llevaban a Europa), permitiría una comunicación marítima más fluida y segura.
De formas más precarias (el Camino Real, o el Camino de las Cruces), los proyectos se fueron sucediendo, y los interesados eran cada vez más y de nacionalidades más variadas (españoles, portugueses, escoceses, franceses, estadounidenses, o chinos entre los más significativos).
Durante la etapa española, el Camino Real fue recorrido por miles de esclavos negros, venidos no se sabe bien de dónde (Guinea, Senegal, y/o Angola) que cargaban como mulos las mercaderías de la Corona. Y es que, en Panamá, la raza negra fue estimada más que la indígena por su extraordinaria capacidad de rendimiento, y mayor fortaleza física. Estos esclavos eran tratados con la crueldad propia del momento, motivo por el cual muchos trataban de huír. Los afortunados (cimarrones) se internaban en las selvas, y desde allí atacaban las rutas, se alzaban contra las autoridades coloniales, o se aliaban con los piratas. Por supuesto, en caso de ser capturados, los insurrectos eran sometidos a castigos inhumanos. Hubo que esperar hasta 1851 para que, por fin, se lanzara una ley que prohibiera la esclavitud en todo el territorio colombiano (Gran Colombia).
El desarrollo tremendo que sufre el mundo durante los siguientes siglos hace que, a mediados del siglo XIX se acepte el proyecto firme de Lesseps (Canal de Suez) para la construcción del Canal de Panamá. Sin embargo, la obra se retrasaba debido a los accidentes del terreno, las epidemias de malaria y fiebre amarilla, la elevada mortalidad entre el personal, etc. Otros (Eiffel) apuntaban que el proyecto debía incluir juegos de esclusas para ser efectivo. El terremoto de 1882 paraliza los trabajos por un tiempo, y dificulta su continuidad. Finalmente en 1888, a pesar de que Lesseps estaba satisfecho con el trabajo y el resultado de las esclusas, las intrigas contra su empresa se sucedían, la opinión pública era escéptica, y tuvo que abandonar su proyecto por falta de fondos.
En este momento se ceden los derechos de explotación y construcción del Canal de Panamá, así como el control de la zona en torno al mismo (ocho kilómetros a cada lado) a los Estados Unidos, en un momento en que Panamá estaba más preocupada por separarse de Colombia, o acaso ya una mano invisible se había encargado de azotar las conciencias en esa dirección:
"En la concepción geopolítica del imperialismo, América Central no es más que un apéndice natural de los Estados Unidos. Ni siquiera Abraham Lincoln, que también pensó en anexar sus territorios, pudo escapar a los dictados del «destino manifiesto» de la gran potencia sobre sus áreas contiguas.
A mediados del siglo pasado, el filibustero William Walker, que operaba en nombre de los banqueros Morgan y Garrison, invadió Centroamérica al frente de una banda de asesinos que se llamaban a sí mismos «la falange americana de los inmortales». Con el respaldo oficioso del gobierno de los Estados Unidos, Walker robó, mató, incendió y se proclamó presidente, en expediciones sucesivas, de Nicaragua, El Salvador y Honduras.
Reimplantó la esclavitud en los territorios que sufrieron su devastadora ocupación, continuando, así, la obra filantrópica de su país en los estados que habían sido usurpados, poco antes, a México.
A su regreso fue recibido en los Estados Unidos como héroe nacional. Desde entonces se sucedieron las invasiones, las intervenciones, los bombardeos, los empréstitos obligatorios y los tratados firmados al pie de cañón. En 1912 el presidente William H. Taft afirmaba: «No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho, como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente.» Taft decía que el recto camino de la justicia en la política externa de los Estados Unidos «no incluye en modo alguno una actividad de intervención para asegurar a nuestras mercancías y a nuestros capitalistas facilidades para las inversiones beneficiosas». Por la misma época, el ex presidente Teddy Roosevelt recordaba en voz alta su exitosa amputación de tierra a Colombia: «I took the Canal», decía el flamante Premio Nobel de la Paz, mientras contaba cómo había independizado a Panamá. Colombia recibiría, poco después, una indemnización de veintiocho millones de dólares: era el precio de un país, nacido para que los Estados Unidos dispusieran de una vía de comunicación entre ambos océanos."
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina.
De formas más precarias (el Camino Real, o el Camino de las Cruces), los proyectos se fueron sucediendo, y los interesados eran cada vez más y de nacionalidades más variadas (españoles, portugueses, escoceses, franceses, estadounidenses, o chinos entre los más significativos).
Durante la etapa española, el Camino Real fue recorrido por miles de esclavos negros, venidos no se sabe bien de dónde (Guinea, Senegal, y/o Angola) que cargaban como mulos las mercaderías de la Corona. Y es que, en Panamá, la raza negra fue estimada más que la indígena por su extraordinaria capacidad de rendimiento, y mayor fortaleza física. Estos esclavos eran tratados con la crueldad propia del momento, motivo por el cual muchos trataban de huír. Los afortunados (cimarrones) se internaban en las selvas, y desde allí atacaban las rutas, se alzaban contra las autoridades coloniales, o se aliaban con los piratas. Por supuesto, en caso de ser capturados, los insurrectos eran sometidos a castigos inhumanos. Hubo que esperar hasta 1851 para que, por fin, se lanzara una ley que prohibiera la esclavitud en todo el territorio colombiano (Gran Colombia).
El desarrollo tremendo que sufre el mundo durante los siguientes siglos hace que, a mediados del siglo XIX se acepte el proyecto firme de Lesseps (Canal de Suez) para la construcción del Canal de Panamá. Sin embargo, la obra se retrasaba debido a los accidentes del terreno, las epidemias de malaria y fiebre amarilla, la elevada mortalidad entre el personal, etc. Otros (Eiffel) apuntaban que el proyecto debía incluir juegos de esclusas para ser efectivo. El terremoto de 1882 paraliza los trabajos por un tiempo, y dificulta su continuidad. Finalmente en 1888, a pesar de que Lesseps estaba satisfecho con el trabajo y el resultado de las esclusas, las intrigas contra su empresa se sucedían, la opinión pública era escéptica, y tuvo que abandonar su proyecto por falta de fondos.
En este momento se ceden los derechos de explotación y construcción del Canal de Panamá, así como el control de la zona en torno al mismo (ocho kilómetros a cada lado) a los Estados Unidos, en un momento en que Panamá estaba más preocupada por separarse de Colombia, o acaso ya una mano invisible se había encargado de azotar las conciencias en esa dirección:
"En la concepción geopolítica del imperialismo, América Central no es más que un apéndice natural de los Estados Unidos. Ni siquiera Abraham Lincoln, que también pensó en anexar sus territorios, pudo escapar a los dictados del «destino manifiesto» de la gran potencia sobre sus áreas contiguas.
A mediados del siglo pasado, el filibustero William Walker, que operaba en nombre de los banqueros Morgan y Garrison, invadió Centroamérica al frente de una banda de asesinos que se llamaban a sí mismos «la falange americana de los inmortales». Con el respaldo oficioso del gobierno de los Estados Unidos, Walker robó, mató, incendió y se proclamó presidente, en expediciones sucesivas, de Nicaragua, El Salvador y Honduras.
Reimplantó la esclavitud en los territorios que sufrieron su devastadora ocupación, continuando, así, la obra filantrópica de su país en los estados que habían sido usurpados, poco antes, a México.
A su regreso fue recibido en los Estados Unidos como héroe nacional. Desde entonces se sucedieron las invasiones, las intervenciones, los bombardeos, los empréstitos obligatorios y los tratados firmados al pie de cañón. En 1912 el presidente William H. Taft afirmaba: «No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho, como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente.» Taft decía que el recto camino de la justicia en la política externa de los Estados Unidos «no incluye en modo alguno una actividad de intervención para asegurar a nuestras mercancías y a nuestros capitalistas facilidades para las inversiones beneficiosas». Por la misma época, el ex presidente Teddy Roosevelt recordaba en voz alta su exitosa amputación de tierra a Colombia: «I took the Canal», decía el flamante Premio Nobel de la Paz, mientras contaba cómo había independizado a Panamá. Colombia recibiría, poco después, una indemnización de veintiocho millones de dólares: era el precio de un país, nacido para que los Estados Unidos dispusieran de una vía de comunicación entre ambos océanos."
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina.
Más adelante, Panamá desea recuperar el control de la Zona del Canal. Las negociaciones se iniciaron en 1970 entre el gobierno de los EE.UU. y las autoridades panameñas. El 7 de septiembre de 1977 el Presidente Jimmy Carter y el dirigente de Panamá Omar Torrijos firmaron el Tratado Torrijos-Carter, que devuelve a Panamá el control completo del canal el 31 de diciembre de 1999.
Hoy la constitución de Panamá afirma que el canal constituye un patrimonio inalienable de la nación, por lo cual no puede ser vendido, ni cedido, ni hipotecado, ni de ningún otro modo gravado o enajenado.
Hoy la constitución de Panamá afirma que el canal constituye un patrimonio inalienable de la nación, por lo cual no puede ser vendido, ni cedido, ni hipotecado, ni de ningún otro modo gravado o enajenado.
Publicado por amaranta en sábado, septiembre 06, 2008 0 comentarios
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Pisar Panamá
Hacer conjeturas sobre el poder que ostentaría hoy Gran Colombia (o quienquiera que fuera el que la controlara), me asusta. Un día, aquel territorio comprendió las tierras con que soñó Bolívar: Colombia, pero también Ecuador, y Venezuela, y Panamá. Además de la riqueza propia de Colombia, que es abundante en recursos minerales, piedras preciosas, una tierra fértil y apta para el cultivo de todo tipo de semillas, el acceso a ambos océanos, etc.; Gran Colombia contaría con los tesoros propios de quien hoy ya no le pertenece: miles de territorios con un potencial turístico inimaginable, más petróleo, el control del canal de Panamá, y las riquezas de los territorios continentales.Piso América Central, y tengo la sensación de estar en una colonia de nativos latinoamericanos y colonos gringos, no tanto por su presencia (que por otro lado es evidente), sino por su influencia, que es nauseabunda: un país absolutamente dolarizado, rascacielos que albergan los sueños de los inversionistas extranjeros, coches de lujo, oferta gastronómica y de ocio al más puro estilo norteamericano, y mucho blanquito de cartera bollante. Tres millones de habitantes locales en un país minúsculo, y sin embargo, con capacidad para alojar también a los casi un millón de extranjeros (el 26% de la población) que transitan por sus calles. Huelga decir que tanta infraestructura "occidental" viene a ser usufructada por estas ordas de bárbaros que se han apoderado de la perla comercial que es Panamá. Destacan los invasores vecinos: colombianos y venezolanos, y en mi mente destacan los chinos y los judíos también. Los chinos de a pie, por cierto, aquí se dedican básicamente a lo mismo que en España: regentan pequeños comercios de ultramarinos.
Pero Panamá City tiene también su encanto, lo colonial y su calor. Y nosotros nos dejamos seducir por ambos a medida que pasa la noche y Edu, nuestro anfitrión, nos pasea junto a unos pocos locos españoles que pasan sus días aquí.
Mi gran sorpresa: Panamá es una ciudad que cuida del jazz.
Publicado por amaranta en viernes, septiembre 05, 2008 3 comentarios
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