Levantarse a las cuatro de la mañana merece la pena si hay un buen motivo, y Kuna Yala lo es.
No sé ni cuántos ni en cuántos coches, pero con los ojos aún cerrados emprendemos el camino. Se suceden las paradas, porque sí, para comprar víveres, porque nos para la policía de tráfico, porque sí de nuevo, y porque hay que enseñar los pasaportes. Y al fin se ha hecho de día, y ya no hay más paradas, ni tampoco más asfalto. Rumbo al norte en busca del mar Caribe atravesamos la selva por caminos de tierra roja, cielos azules y orillas verdes.
No sé ni cuántos ni en cuántos coches, pero con los ojos aún cerrados emprendemos el camino. Se suceden las paradas, porque sí, para comprar víveres, porque nos para la policía de tráfico, porque sí de nuevo, y porque hay que enseñar los pasaportes. Y al fin se ha hecho de día, y ya no hay más paradas, ni tampoco más asfalto. Rumbo al norte en busca del mar Caribe atravesamos la selva por caminos de tierra roja, cielos azules y orillas verdes.
El mar y el sol vertical nos esperan al final de la selva. Ricardo y su cayuco, y cientos de islotes repartidos con descuido en medio del agua. Me viene a la mente el estrecho de Gibraltar, también el Relato de un Náufrago, y sin embargo lo que me obsesiona es la falta de sorpresa que siento. Por supuesto, me siento conmovida por tanta belleza natural, sin embargo, no me sorprende, llevo demasiado tiempo disfrutando este paisaje magnífico que es el Caribe, y se me apodera la rabia al pensar que es necesario comer un poco de arroz para recordar lo rico del caviar.
Una hora bajo el sol, achicando el agua del cayuco, y embriagándome de caviar, de agua, de sol y de islas. Por fin llegamos a la nuestra: isla Pelícano, la casa de Ricardo y su familia, un islote del tamaño de un jardín.
¿Qué se hace en un sitio donde no hay nada que hacer? Se gamberrea como los niños, se evita que a uno le caiga un coco en la cabeza, y se sueña con escalar una palmera al estilo Keith Richards, se contempla con los ojos entrecerrados por el resplandor la transparencia del agua y los tesoros que guarda (corales, conchas y peces de colores). Y por la noche, a la luz de una pequeña fogata de hojas de palma,como piratas en descanso bañamos las gargantas con ron, y con unos puros venidos de la mismísima Cuba gracias a las Compañeras.



1 comentarios:
Nena!! Ya no te queda nada de nada para volver a tu Madrid querido. Pero, mientras, veo que no pierdes el tiempo y visitas sitios realmente bonitos. Esta isla del pirata es increible!!!!!!
Pues nada, a seguir disfrutando estos 15 días que te quedan y a prepararte para el recibimiento fantástico que te hará Madrid. Yo iré el último fin de semana de octubre con los de mi clase, así que nos vemos dentro de poco.
Un beso grande
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