Pisar Panamá

Hacer conjeturas sobre el poder que ostentaría hoy Gran Colombia (o quienquiera que fuera el que la controlara), me asusta. Un día, aquel territorio comprendió las tierras con que soñó Bolívar: Colombia, pero también Ecuador, y Venezuela, y Panamá. Además de la riqueza propia de Colombia, que es abundante en recursos minerales, piedras preciosas, una tierra fértil y apta para el cultivo de todo tipo de semillas, el acceso a ambos océanos, etc.; Gran Colombia contaría con los tesoros propios de quien hoy ya no le pertenece: miles de territorios con un potencial turístico inimaginable, más petróleo, el control del canal de Panamá, y las riquezas de los territorios continentales.

Piso América Central, y tengo la sensación de estar en una colonia de nativos latinoamericanos y colonos gringos, no tanto por su presencia (que por otro lado es evidente), sino por su influencia, que es nauseabunda: un país absolutamente dolarizado, rascacielos que albergan los sueños de los inversionistas extranjeros, coches de lujo, oferta gastronómica y de ocio al más puro estilo norteamericano, y mucho blanquito de cartera bollante. Tres millones de habitantes locales en un país minúsculo, y sin embargo, con capacidad para alojar también a los casi un millón de extranjeros (el 26% de la población) que transitan por sus calles. Huelga decir que tanta infraestructura "occidental" viene a ser usufructada por estas ordas de bárbaros que se han apoderado de la perla comercial que es Panamá. Destacan los invasores vecinos: colombianos y venezolanos, y en mi mente destacan los chinos y los judíos también. Los chinos de a pie, por cierto, aquí se dedican básicamente a lo mismo que en España: regentan pequeños comercios de ultramarinos.

Pero Panamá City tiene también su encanto, lo colonial y su calor. Y nosotros nos dejamos seducir por ambos a medida que pasa la noche y Edu, nuestro anfitrión, nos pasea junto a unos pocos locos españoles que pasan sus días aquí.

Mi gran sorpresa: Panamá es una ciudad que cuida del jazz.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

no me hables de la gran Colombia que te hablo de la gran Hungría (uno de los motivos por los que este país me ha acabado hartando hasta la huida)...
espero que Panamá diese de más, que no se ve en la foto nada más que tres luces.
un beso,
Luis

amaranta dijo...

Por cierto que esas poquitas luces azules que se ven son las del Puente de las Américas, que conecta las masas de tierra de América del Norte y del Sur.

Anónimo dijo...

Panama, mi querido paraiso fiscal, con sus torres de la cocaina y sus cuarenta y cinco lavanderias, perdon bancos, es una lombriz con un canal en el centro por el cual mientras no orines en las esclusas y pagues tu peaje puedes pasar lo que te de la gana por este pais con aires de primera potencia que no deja de ser tercermundista....
Karlos Di Savoia
Diario de un Principe Sabaudo