Unir los océanos Atlántico y Pacífico por un punto intermedio del continente americano se convirtió en una obsesión ya en el siglo XV. Los hombres somos ambiciosos y testarudos, y acortar tiempos de transporte así como minimizar riesgos (sin el canal, los buques debían atravesaban el cabo de Hornos contra icebergs, vientos y mareas, en rutas eternas y peligrosas, no sólo para los navíos y sus tripulantes, sino para las preciosas cargas que llevaban a Europa), permitiría una comunicación marítima más fluida y segura.
De formas más precarias (el Camino Real, o el Camino de las Cruces), los proyectos se fueron sucediendo, y los interesados eran cada vez más y de nacionalidades más variadas (españoles, portugueses, escoceses, franceses, estadounidenses, o chinos entre los más significativos).
Durante la etapa española, el Camino Real fue recorrido por miles de esclavos negros, venidos no se sabe bien de dónde (Guinea, Senegal, y/o Angola) que cargaban como mulos las mercaderías de la Corona. Y es que, en Panamá, la raza negra fue estimada más que la indígena por su extraordinaria capacidad de rendimiento, y mayor fortaleza física. Estos esclavos eran tratados con la crueldad propia del momento, motivo por el cual muchos trataban de huír. Los afortunados (cimarrones) se internaban en las selvas, y desde allí atacaban las rutas, se alzaban contra las autoridades coloniales, o se aliaban con los piratas. Por supuesto, en caso de ser capturados, los insurrectos eran sometidos a castigos inhumanos. Hubo que esperar hasta 1851 para que, por fin, se lanzara una ley que prohibiera la esclavitud en todo el territorio colombiano (Gran Colombia).
El desarrollo tremendo que sufre el mundo durante los siguientes siglos hace que, a mediados del siglo XIX se acepte el proyecto firme de Lesseps (Canal de Suez) para la construcción del Canal de Panamá. Sin embargo, la obra se retrasaba debido a los accidentes del terreno, las epidemias de malaria y fiebre amarilla, la elevada mortalidad entre el personal, etc. Otros (Eiffel) apuntaban que el proyecto debía incluir juegos de esclusas para ser efectivo. El terremoto de 1882 paraliza los trabajos por un tiempo, y dificulta su continuidad. Finalmente en 1888, a pesar de que Lesseps estaba satisfecho con el trabajo y el resultado de las esclusas, las intrigas contra su empresa se sucedían, la opinión pública era escéptica, y tuvo que abandonar su proyecto por falta de fondos.
En este momento se ceden los derechos de explotación y construcción del Canal de Panamá, así como el control de la zona en torno al mismo (ocho kilómetros a cada lado) a los Estados Unidos, en un momento en que Panamá estaba más preocupada por separarse de Colombia, o acaso ya una mano invisible se había encargado de azotar las conciencias en esa dirección:
"En la concepción geopolítica del imperialismo, América Central no es más que un apéndice natural de los Estados Unidos. Ni siquiera Abraham Lincoln, que también pensó en anexar sus territorios, pudo escapar a los dictados del «destino manifiesto» de la gran potencia sobre sus áreas contiguas.
A mediados del siglo pasado, el filibustero William Walker, que operaba en nombre de los banqueros Morgan y Garrison, invadió Centroamérica al frente de una banda de asesinos que se llamaban a sí mismos «la falange americana de los inmortales». Con el respaldo oficioso del gobierno de los Estados Unidos, Walker robó, mató, incendió y se proclamó presidente, en expediciones sucesivas, de Nicaragua, El Salvador y Honduras.
Reimplantó la esclavitud en los territorios que sufrieron su devastadora ocupación, continuando, así, la obra filantrópica de su país en los estados que habían sido usurpados, poco antes, a México.
A su regreso fue recibido en los Estados Unidos como héroe nacional. Desde entonces se sucedieron las invasiones, las intervenciones, los bombardeos, los empréstitos obligatorios y los tratados firmados al pie de cañón. En 1912 el presidente William H. Taft afirmaba: «No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho, como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente.» Taft decía que el recto camino de la justicia en la política externa de los Estados Unidos «no incluye en modo alguno una actividad de intervención para asegurar a nuestras mercancías y a nuestros capitalistas facilidades para las inversiones beneficiosas». Por la misma época, el ex presidente Teddy Roosevelt recordaba en voz alta su exitosa amputación de tierra a Colombia: «I took the Canal», decía el flamante Premio Nobel de la Paz, mientras contaba cómo había independizado a Panamá. Colombia recibiría, poco después, una indemnización de veintiocho millones de dólares: era el precio de un país, nacido para que los Estados Unidos dispusieran de una vía de comunicación entre ambos océanos."
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina.
De formas más precarias (el Camino Real, o el Camino de las Cruces), los proyectos se fueron sucediendo, y los interesados eran cada vez más y de nacionalidades más variadas (españoles, portugueses, escoceses, franceses, estadounidenses, o chinos entre los más significativos).
Durante la etapa española, el Camino Real fue recorrido por miles de esclavos negros, venidos no se sabe bien de dónde (Guinea, Senegal, y/o Angola) que cargaban como mulos las mercaderías de la Corona. Y es que, en Panamá, la raza negra fue estimada más que la indígena por su extraordinaria capacidad de rendimiento, y mayor fortaleza física. Estos esclavos eran tratados con la crueldad propia del momento, motivo por el cual muchos trataban de huír. Los afortunados (cimarrones) se internaban en las selvas, y desde allí atacaban las rutas, se alzaban contra las autoridades coloniales, o se aliaban con los piratas. Por supuesto, en caso de ser capturados, los insurrectos eran sometidos a castigos inhumanos. Hubo que esperar hasta 1851 para que, por fin, se lanzara una ley que prohibiera la esclavitud en todo el territorio colombiano (Gran Colombia).
El desarrollo tremendo que sufre el mundo durante los siguientes siglos hace que, a mediados del siglo XIX se acepte el proyecto firme de Lesseps (Canal de Suez) para la construcción del Canal de Panamá. Sin embargo, la obra se retrasaba debido a los accidentes del terreno, las epidemias de malaria y fiebre amarilla, la elevada mortalidad entre el personal, etc. Otros (Eiffel) apuntaban que el proyecto debía incluir juegos de esclusas para ser efectivo. El terremoto de 1882 paraliza los trabajos por un tiempo, y dificulta su continuidad. Finalmente en 1888, a pesar de que Lesseps estaba satisfecho con el trabajo y el resultado de las esclusas, las intrigas contra su empresa se sucedían, la opinión pública era escéptica, y tuvo que abandonar su proyecto por falta de fondos.
En este momento se ceden los derechos de explotación y construcción del Canal de Panamá, así como el control de la zona en torno al mismo (ocho kilómetros a cada lado) a los Estados Unidos, en un momento en que Panamá estaba más preocupada por separarse de Colombia, o acaso ya una mano invisible se había encargado de azotar las conciencias en esa dirección:
"En la concepción geopolítica del imperialismo, América Central no es más que un apéndice natural de los Estados Unidos. Ni siquiera Abraham Lincoln, que también pensó en anexar sus territorios, pudo escapar a los dictados del «destino manifiesto» de la gran potencia sobre sus áreas contiguas.
A mediados del siglo pasado, el filibustero William Walker, que operaba en nombre de los banqueros Morgan y Garrison, invadió Centroamérica al frente de una banda de asesinos que se llamaban a sí mismos «la falange americana de los inmortales». Con el respaldo oficioso del gobierno de los Estados Unidos, Walker robó, mató, incendió y se proclamó presidente, en expediciones sucesivas, de Nicaragua, El Salvador y Honduras.
Reimplantó la esclavitud en los territorios que sufrieron su devastadora ocupación, continuando, así, la obra filantrópica de su país en los estados que habían sido usurpados, poco antes, a México.
A su regreso fue recibido en los Estados Unidos como héroe nacional. Desde entonces se sucedieron las invasiones, las intervenciones, los bombardeos, los empréstitos obligatorios y los tratados firmados al pie de cañón. En 1912 el presidente William H. Taft afirmaba: «No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho, como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente.» Taft decía que el recto camino de la justicia en la política externa de los Estados Unidos «no incluye en modo alguno una actividad de intervención para asegurar a nuestras mercancías y a nuestros capitalistas facilidades para las inversiones beneficiosas». Por la misma época, el ex presidente Teddy Roosevelt recordaba en voz alta su exitosa amputación de tierra a Colombia: «I took the Canal», decía el flamante Premio Nobel de la Paz, mientras contaba cómo había independizado a Panamá. Colombia recibiría, poco después, una indemnización de veintiocho millones de dólares: era el precio de un país, nacido para que los Estados Unidos dispusieran de una vía de comunicación entre ambos océanos."
Eduardo Galeano, Las venas abiertas de América Latina.
Más adelante, Panamá desea recuperar el control de la Zona del Canal. Las negociaciones se iniciaron en 1970 entre el gobierno de los EE.UU. y las autoridades panameñas. El 7 de septiembre de 1977 el Presidente Jimmy Carter y el dirigente de Panamá Omar Torrijos firmaron el Tratado Torrijos-Carter, que devuelve a Panamá el control completo del canal el 31 de diciembre de 1999.
Hoy la constitución de Panamá afirma que el canal constituye un patrimonio inalienable de la nación, por lo cual no puede ser vendido, ni cedido, ni hipotecado, ni de ningún otro modo gravado o enajenado.
Hoy la constitución de Panamá afirma que el canal constituye un patrimonio inalienable de la nación, por lo cual no puede ser vendido, ni cedido, ni hipotecado, ni de ningún otro modo gravado o enajenado.



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