Jalouse

Fuera de los problemas derivados de la piratería (tema sobre el que mi moral ha desarrollado un complejo sistema de supervivencia del que hablaré en otro momento), hoy por hoy, lo de regalar CDs ha perdido romanticismo.

Pero como yo soy una romántica implacable, uno de los detalles más importantes que se pueden tener conmigo es regalarme música. No hablo necesariamente de música bajo soporte físico. Una recomendación, o un listado de ellas, es algo que aprecio sobremanera.

Por eso ayer me excité como los niños en la mañana de reyes al leer un e-mail desde París. Al abrir el buzón de entrada me encontré con Eva, y con la caja con lazo que tenía entre las manos. Dentro de la caja había veinte artistas para deleite de mis oídos y neuronas.

¡Gracias, Eva!
Y, ¡arriba los corazones!

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