Abro la ventana y me siento en el butacón a leer. Un aire que recuerda al de la primavera en Madrid me envuelve. Y yo, como el perro de Paulov, segrego hormonas buenas.
Pasan las horas, y la ventana sigue abierta. Y a la hora de dormir en esta cama de hotel que parece la de la princesa sin guisante, decido, que no olvido, dejarla abierta también.
Pronto volverán las noches heladas de Bogotá, pero ésta dejaré que la brisa de Medallo me calme.



3 comentarios:
A mí me pasa algo parecido con la luz de esta ciudad. Me recuerda tanto a la de la primavera de Madrid que no puedo, ni quiero, evitar cerrar los ojos y sentirme allí.
El calor de tu ciudad está cada vez más cerca, princesa.
Un beso.
Este blog lleva un ritmo sensacional, imparable, rápido.
Hace poco estuve en Buenos Aires; es decir, en Europa.
En Europa -como dicen los que conocen algo de la historia- empezó todo.
Estuve con este R.C., amigo a quien conoces y que nos acogió. Caí en que sigue faltando un libro sobre este hombre, sobre su humanismo (un libro al que ya se hizo referencia); aunque se intuye que sus autores rondan por aquí.
Pues pasaba por aquí y aproveché para escribir estas cosas.
qué alegría Pamies, verte por estos pagos.
Al libro de R.C. (se me ocurre como título prelimirnar "R.C.: la humanidad encarnada") contribuyo con mucho gusto.
Y el ritmo del blog... este barco pirata va viento en popa y a toda vela.
un abrazo a todos,
Luis.
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