"Los dos soldados de escolta, que esperaban en el descansillo, reaccionaron ejemplarmente ante el peligro. Dominando sólo Dios sabe cómo, el miedo legítimo que sentían, avanzaron hasta el humbral de la puerta y vaciaron sus cargadores. Empezaron los ciegos a caer unos sobre otros, y al caer seguian recibiendo en el cuerpo balas que ya eran un puro despilfarro de munición."
José Saramago, Ensayo sobre la ceguera.
José Saramago, Ensayo sobre la ceguera.



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