Lino, my guru

Qué de cosas se aprendían en el cole en clase de aquel profesor. Sí, ese que hablaba de cosas de las que no tenías ni idea, pero lo hacía con tal pasión, sabiendo tanto, que uno quedaba fascinado, y deseaba leer los libros de los que hablaba, que llegara la semana que viene para probar las cosas en el laboratorio, o que, simplemente llegara la próxima clase para seguir oyendo hablar de teorías filosóficas caducas.
Hace tiempo que el cole acabó. Y, la universidad, aunque me cueste hacerme a la idea, queda lejos ya también.
Pero, de pronto, hace unos meses, me encontré un guru. ¡Qué extraordinario!
Lino es un erudito, y le escucharía hablar durante horas de la picadura de la serpiente violeta de la cochibamba, de los conflictos étnicos en una minúscula isla del índico, o de lo que él quiera hablar. Porque Lino es como ese maestro encantador de serpientes.
Pero no hay que ser avaricioso, uno puede lo que puede. Así que, he nombrado a Lino mi guru musical.
Para mí la música tiene una importancia casi mística. Me acompaña, me recuerda, me sugiere, me lleva a sitios lejanos, me trae a la realidad, me la decora, me la encrudece, me la dulcifica. Y soy curiosa, y pico aquí y allá. Tengo preferencias, ritmos que me hacen sentir que no podrían ser de otra manera, melodías que me pacifican y me dejan sentir la calma. Cada quién tiene una banda sonora que le pertenece. Es como la ropa, a uno le van bien unos colores, porque tiene el pelo oscuro, y la tez clara, o unos cortes, porque las caderas son amplias y las piernas delgadas. Pues con la música es igual.
Lino ha entendido esos colores y medidas. Lo más extraordinario es que no tuve que explicarle nada. Él sólo ha ido escogiendo y proponiendo. Lo que no sabe es que, cada vez que lo hace, y me graba un cd, o me manda un mail contándome la historia de este o aquel artista (que siempre están llenas de anécdotas maravillosas), para mí es como abrir un regalo. Y voy quitando el papel que lo envuelve con cuidado, porque nunca me ha gustado que se rompan. Soy ansiosa, pero no para los descubrimientos, son mucho más placenteros si se realizan con autocontrol, para no perder detalle.
Siento una deuda muy grande. Y es que, además de decírselo, y confesarlo públicamente, no sé cómo devolverle todo lo que me está regalando. Pero, creo que él sabe lo importante que es para mí.
Muchas gracias, Lino.

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