Un día raro. Soy una mujer al borde de un ataque de nervios. ¿Por qué? Pues porque sí, que para eso soy mujer. Hoy la he tomado con el pelo, se me apodera, me siento mal, y tengo ganas de gritar.
Lo de salir de casa en estas circunstancias siempre ha sido tarea difícil. Pero hoy, Super Clemente, me rescata en dos minutos. Cuatro horquillas bastan.
¡Qué voy a hacer yo sin Clemente en Bogotá? Quién me va a desatorar, se va a reír de mí, pero sobre todo conmigo, quién me va a necesitar para pasear un domingo de resaca por Notting Hill, o por Alcalá, para fumar hasta perder la conciencia, para beber y bailar, para hablar, mucho, mucho.








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