Myriam, la mujer de las teorías

No sé bien quién es Thelma y quién Louise en ese dúo tan cinematográfico que formamos Myriam y yo. El tercer protagonista de nuestras aventuras es siempre un coche, el mío, el suyo, y como importa, pero da un poco igual, a mí me gusta pensar que es siempre un Thunderbird del 66.

El secreto, después de tantos años, es que disfrutamos de las locuras de la otra. Hay cosas que uno necesita desesperadamente compartir. Y, sin embargo, no es tan fácil encontrar ese alguien con quien hacerlo. Porque no se trata de contar una historia, o sentirse acompañado en determinadas circunstancias. Se trata de compartir la intriga, la inquietud, la alegría de un descubrimiento o de llorar ambos a moco tendido. Myriam es la amiga que me coge el teléfono a las tres de la mañana para que le cuente mi última obsesión. A veces me rescata de la torre donde estoy encerrada, y en ese descapotable precioso que nos lleva a todas partes damos vueltas por las calles de Madrid, y jugamos a ir de un lado a otro haciendo comprobaciones de las que no puedo hablar porque sólo nosotras les encontramos sentido.

Creo que para ella, yo soy alguien que la escucha con entrega cuando me cuenta cualquier historia. Pero sobre todo, soy mis ojos iluminados cada vez que me propone una pequeña locura. No tengo forma de resistir, y ella lo sabe. Así que nos subimos al coche y nos vamos al aeropuerto a ver los vuelos llegar. O me aguanta en un submarino mientras me dice “¡tía, tía, que los del coche de delante están follando!”, y yo me rompo en dos de tanta risa.



Myriam tiene una memoria prodigiosa. Recuerda los cumpleaños de la gente, sus números de teléfono, y las matrículas de los coches. Es esa base de datos que lo almacena todo, para recordarte dentro de unos años, que en la fiesta de cumpleaños de no sé quién tú llevabas el mismo vestido que hoy. Y tú no te acuerdas ni de haber ido a aquella fiesta, pero sonríes y le das un beso porque es fantástico que ella sí lo tenga en la memoria, porque entonces es que sucedió.

Además, es la mujer de las teorías. La maravillosa teoría del contexto y los sms de madrugada, o la de que “algún día Dios me lo pagará con un buen novio”. Y es que además es clarividente, y yo me alegro tanto de que Chuco apareciera por fin en su vida…

¡Ay, Mari, vente conmigo!

2 comentarios:

marcsit dijo...

Fantástico Post, de veras, encantador. A ella no sé pero sin duda te veo. En fín, espero ver esos ojos relucientes a muy tardar mañana. Para ver esos ojos que sabrán de nuevo a despedida!

Elizabeth dijo...

Además de tierno, tu relato me ha parecido caído del cielo, mi mejor amiga parece gemela de Myriam, si ves la foto las confundirías. Le mostré el post y quedó de una pieza. Cuán pequeño es el mundo y parece que conocí a la doble de mi amiga...