Llevo tiempo tratando de describir esto mismo, empapándome de historia sociopolítica colombiana para intentar desenredar esta maraña tan compleja de país.
Estoy en ello pero sin pretensiones, lo hago para mí. Y mientras llega, la documentación se hace fundamental.
Inauguro aquí esta serie de post: La maraña. Recolecta de textos de otros autores que describen las sensaciones que, al menos yo, tengo por Colombia.
En esta ocasión, gracias a Javi, un extracto del artículo de Faciolince (el escritor de moda, El olvido que seremos), publicado en el País el 30 de marzo de 2008:
"(...)Con secuestrados que llevan hasta diez años en las selvas, con una lucha que va para medio siglo (hay guerrilleros hijos de guerrilleros que ni siquiera conocen una ciudad), se entiende que ellos, para quienes la guerra, el secuestro y el tráfico de cocaína se han convertido en un modus vivendi, estén dispuestos a darle a su lucha la duración eterna del infierno.(...)""(...)El viajero que venga hoy a Colombia, si se limita a frecuentar ciertos barrios de las ciudades, si va a zonas rurales o a poblados que no estén muy lejos del corazón de casi todas las regiones, no percibirá una presencia física de la guerrilla. Durante muchos periodos, los mismos colombianos nos hemos olvidado de su existencia, mirándonos el ombligo más o menos civil de las ciudades y campos conquistados. Cerca del corazón no se percibe el temor de un ataque, y ni siquiera ahora se corren graves riesgos de secuestro. Pero si el visitante se aparta, cuanto más se aleje notará que la mano del Estado llega cada vez más débil. Allí gobierna la fuerza y se vive en la ley de la selva, bien sea que ésta la impongan los guerrilleros, los paramilitares reencarnados –a pesar del proceso de paz– o los caciques.
Colombia no es un solo país, y ni siquiera sus ciudades son una sola ciudad. A media hora de distancia, en nuestras capitales conviven opulencias del Primer Mundo europeo o norteamericano con miserias africanas. Como un microcosmos, como un resumen del mundo, en las ciudades de Colombia se puede pasar en un rato de Suiza a Sierra Leona, y en esta imagen se incluye desde el color de los habitantes, pasando por el verdor de los prados y la tranquilidad de las vacas que pastan en valles paradisiacos, hasta llegar, no mucho más allá, a las basuras y albañales al aire libre, a la miseria desnuda, al hambre –casi siempre vestida de piel más oscura– y al ardor estéril de las tierras baldías o semidesérticas.
Un elemento que no se puede olvidar en el conflicto colombiano es que al virus guerrillero le resultaron unos anticuerpos tan virulentos e incluso más mortíferos que la enfermedad que pretendían combatir: los paramilitares. Si en los últimos años se ha registrado un gran descenso en las cifras de asesinatos en Colombia, esto se debe al proceso de paz con los paras, que resolvieron dejar de matar. Y como eran ellos quienes más mataban, con métodos salvajes y viendo guerrilleros en cualquier persona crítica, las cifras han mejorado. Lo malo es que en muchas regiones su poder permanece intacto, y a veces da la impresión de que este proceso de paz no es otra cosa que la llegada a la edad de retiro de una generación de comandantes narco-paramilitares que, después de jubilada, podría ser reemplazada por otra. Otra interpretación es que, en algunas zonas rurales, ellos ya ganaron la guerra, tienen el poder político y ahora controlan a la población con métodos de extorsión que no requieren tantos asesinatos como antes.
La mayoría de los colombianos queremos creer que nuestras pesadillas no serán eternas, y para protestar contra ellas participamos hace poco en dos marchas: una contra la guerrilla, de muchos millones de personas, y otra contra los paramilitares, que incluyó también a personas de todas las extracciones y categorías sociales. Creo que al fin las mayorías estamos de acuerdo en que hay que oponerse a unos y a otros. (...)"



1 comentarios:
Me encanta que te hayas animado a escribir sobre Colombia. Me apunto a conocer un poco más ese país a través de tu blog... y en cuanto pueda, in situ.
;-)
Publicar un comentario