Cuando era pequeña, Nines, la bibliotecaria del colegio, me empujaba dulcemente a leer ciertas cosas. Recuerdo con mucho cariño la tarde en que puso en mis manos la antología de cuentos de Benedetti. Mi favorito es éste, dijo marcando en el índice La noche de los feos. Pero me invitó a leer con calma lo que me apeteciera, estos libros no suelen llamar la atención de las demás niñas, así que déjalo en casa el tiempo que necesites, concluyó cerrando las tapas. Aquella tarde, en cuanto llegué a casa, leí un cuento que modificó radicalmente mi modo de ver el mundo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)



0 comentarios:
Publicar un comentario