Cuando era pequeña mi padre me llevaba cada mañana al cole (excepto aquellas en que la pereza era más fuerte que yo y me colaba en la cama con mi madre y le decía eso de mamá, no quiero ir al cole, y si tenía suerte me pasaba todo el día en casa en pijama viendo la tele y comiendo galletas). Era un trayecto de unos cinco minutos, y llegar a la avenida de Arrollofresno era llegar al jardín de mi infancia. Árboles y casas preciosas, y una de ellas era el cole, ese fantástico cole que me acogió a los dos años y vio cómo me transformaba en señorita hasta los 17. Me encantaba ir al colegio, ir en el coche con papá, y estar durante todas las horas del día en aquel recinto que adoraba.
A los 17 empecé la universidad, y aquella sensación agradable se extendió como mi formación académica. El camino era el mismo, la avenida de Arrollofresno, esta vez sin girar a la derecha por Peguerinos, con su olor a verde y su luz de vegetación, hasta el final, y después la ciudad universitaria, donde, a veces, al llegar al cruce de la avenida Complutense huele a lavanda fresca con canela, mi olor favorito. Al principio en transporte público, poco tiempo después en coche, y para terminar en moto, pero la misma sensación agradable me atacaba cada mañana, sin importar el estado de ánimo con que me hubiera escupido la cama.
Cuando empecé a trabajar, lo de coger la M-30 a horas intempestivas, en moto porque lo del coche se descartó con el primer atasco, cambió mucho las cosas. Me ahogué en asfalto y humo durante meses, y me escapé. Y el escenario cambió, me fui a Londres, y allí daba igual dónde fuera, porque el metro, el autobús, y sobre todo pasear eran actividades maravillosas para mí. Supongo que sobre todo lo fueron porque eran puro placer, no iba a ningún lado, no venía de ningún lado, sino que acariciaba la ciudad con la suela de mis zapatos, y ella se dejaba querer.
Volví a Madrid y comprobé que la M-40 se me hacía mucho más simpática como recorrido diario que la M-30. Será que las horas a las que iba al CECO no eran de atascos, será que disfrutaba del tiempo que pasaba allí.
Ahora en Bogotá tengo la suerte de ir andando a trabajar, y sin embargo, hasta hoy, no se ha convertido en un paseo. Hoy he recordado todos esos trayectos agradables de camino a ese sitio en que he pasado cada día la mayor parte de mi tiempo. Pero mi iPod ha muerto, definitivamente, sin dar ni una esperanza de recuperar siquiera 1GB de los 40 que guardaba, y sin banda sonora todo es más feo. Así que, con el disgusto mañanero y la tripa rajada en dos, he decidido ir a trabajar por la 11A, en lugar de la 11. Ha sido una sorpresa descubrir como los ruidos de coches, motos y bocinas se sustituían por los de los pájaros;el acelerado e incómodo (porque la acera está inclinada) paso de los transeúntes de la 11 se ha sustituido por el paseo relajado de los de la 11A. Y un par de rayos de sol han hecho que recordara la primavera en Madrid.
Antes de venir, cuando todos comentábamos cómo creíamos que sería estar en nuestros destinos, el punto en el que uno descubre que vive en esta ciudad y que ya es un poco de uno era uno de los hitos que esperábamos con impaciencia. A mí no me ha llegado aún, no siento a Bogotá familiar. Pero ahora puedo empezar a añadir una coletilla, no siento a Bogotá familiar aún. Hoy he descubierto que pequeñas cosas como caminar por una paralela pueden cambiar radicalmente las sensaciones que me provoca estar por aquí.



3 comentarios:
Nena, ánimo con esa búsqueda de la "sensación familiar", seguro que surge cuando menos te lo esperas, prontito, y de repente te das cuenta de que Bogotá ya forma parte de ti, como Londres o Madrid.
Un beso fuerte.
Filosofía y urbanismo: resumiendo a J.C. Onetti.
¡Y qué delicia leer sobre una ciudad a la que vas a ir en breve!
Espero que estés bien.
j.
FELIZ AÑO NUEVO,
estamos deseando leer tus actualizaciones sobre estas navidades tan especiales.
Gracias por todo lo que me has dado en 2007, recuerdo ese grupo con tanto cariño, y esa plaza del desdemayo, y tantas cosas... que seguro serán más y mejores en 2008.
Yo fenomenal, de vuelta al curro ya se sabe, disfrutando, sí, disfrutando que para eso estamos aquí.
un besazo reina,
Barak
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