Persiguiendo el mito

En Aracataca se me frie el cuerpo sobre el suelo de polvo. Y mientras escribo las hormigas corretean por toda la cama, ahora entiendo que son capaces de acabar con estirpes condenadas a cien años de soledad.



Las plantaciones de banano. Y Aracataca que no da de comer a sus viejos. Me lo cuenta Matilda cuando la dentadura le deja.

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