Mi sueño amazónico V

Me despierto de golpe en la ducha. No es el agua fría, sino una tarántula en la esquina del techo. Negra y llena de pelos, con una raya blanca al final de cada una de sus patas largas. Y mientras informo de mi descubrimiento, aparece otro más desagradable: ni el mosquitero ni el antibichos me protegieron anoche.

Jorge nos guía a través de la selva hasta la loma del tigre. Durante cuatro horas, la selva. Y caminamos entre vegetación fantástica. La versión tropical de Alicia en su país de las maravillas. Donde las raíces del caucho son color rojo carne, y ciertos troncos se protegen con espinas venenosas. Se esconden las serpientes bajo esqueletos de hojas, y el remedio para las picaduras está en una rama igualita al reptil que, frotada contra las piernas como una bendición, le protege a uno para siempre.

Jorge también nos enseña Macedonia, su comunidad. Cinco etnias distintas, una escuela como futuro. Y la riqueza en la miseria.

Delfines otra vez. Esta vez grises y rosados. Y recordar como en ciertas ocasiones se transforman en hombres hermosos que seducen y aman a las muchachas jóvenes hasta embarazarlas. Ver como se esconde el sol desde el río con la certeza de que es la última vez.

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