Nos despedimos de Mahatu con las mochilas en los hombros.
En el puerto Aldemar nos seduce y nos subimos a su barco. Mientras nos enseña secretos amazónicos nos cuenta los propios de su vida. Se vino hace unos años de la costa por una mujer, una joven de dieciséis años. La madre de ella estaba en contra de su relación, poco hombre para su hija me veía. Como en un cuento de brujas la madre insistió e insistió; y consiguió separarles. La tristeza se apoderó de Aldemar, bebía cada día, y no lloraba, se le salían las lágrimas de los ojos, y cuando uno hace eso es que la pena es profunda, y no se cabe dentro. Le pregunto con descaro por qué le falta un brazo, y él me contesta con una sonrisa que ya sabía que me iba a preguntar, se lo vi en los ojos hace rato. A los once años, trabajando en la finca de su padre, le mordió una serpiente. Durante dos días un curandero se ocupó del niño, pero se les moría. Entró en coma y le llevaron al médico. Diez días después despertó con la cirugía hecha. Le faltaba un brazo, pero ahora le sobraba la vida. Y se declara con orgullo un hombre contento por haber realizado sus sueños.
Lagunas, árboles timburtonianos, más victorias, delfines, carpinteros, y otras mil aves volando. En el río se me llenan los ojos de lágrimas. Emoción venida no sé bien de donde, pero que me ocupa toda por dentro.
En la Libertad sólo pude fijarme en los niños, en sus cometas en el cielo.
Más tarde, en Puerto Nariño, Hanibal, un niño de unos doce años nos atiende en la recepción, con su riñonera ladeada y la sonrisa centrada. Con un desparpajo encantador nos vende las tarifas y nos promete que antes de que volvamos de comer nos asea la habitación. Son de Cali, nos cuenta presentándonos a su camada. Sus tres hermanos pequeños, todos varones. Al parecer, cuando sus padres no están, Hanibal es el que manda entre todos. Porque el que tiene diecisiete está en Leticia estudiando.
El menú de hoy:
- Picadura de una avispa en mi axila de aperitivo.
- Pescado frito para comer.
- Dos inyecciones de postre, una en mi brazo, otra en mi culo.
De noche paseo místico por el río oscuro, escuchando las historias de Magno, antiguo curaca tikuna. Los sonidos de la noche, los sapos, las luciérnagas, y las lágrimas se me salen de los ojos otra vez. Como queriendo ir a encontrarse con el agua que nos lleva, y alimentar las sombras de todos estos árboles.
Madre Tierra, y descubrir que en mi ateísmo aún hay en lo que creer.



2 comentarios:
Joder Lu, eso es un viaje, y estos post un relato de viajes.
Enhorabuena. y espero que las picaduras ya no molesten.
un besazo,
luis
Lucía!!
No sabes lo contenta que estoy de que todo haya salido tan bien. Con la de dudas que teníamos sobre el hecho de pasarte unos días entre los bichos.
Además, veo que Genoveva se ha portado muy bien porque habéis hecho (entre las dos) fotos realmente increíbles.
Ya me contarás qué haces el próximo puente.
Un beso
Publicar un comentario