Pablo me regala un despertar delicioso: café en la cama en mi cabaña de la selva.
Y de la cama al puerto, y de ahí a una lancha. ¡Por fin el río!
Por fin sentir que la naturaleza sigue siendo la dueña aquí.
Los niños sonríen en Santa Rosa. Y a los animales los tienen enjaulados
De vuelta en Leticia los pájaros de colores, que sí son libres, se reúnen para ensordecer a los árboles.
Mientras, en el cielo se está fraguando un atardecer grandioso.
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