La humedad, los mocos y los granos

Para una madrileña, la sequedad es algo para lo que el organismo está preparado. Sí, uno se levanta con los mocos petrificados, y la piel se escama a poco que la descuides. Pero es mi ecosistema, son las condiciones en las que mi cuerpo se siente normal. Si algo cambia, malo.
Soy mujer de altura, y cuando voy a la playa siempre me baja la tensión, y la primera noche me la paso medio rara hasta que me acuerdo de que, claro, estoy al nivel del mar. ¡Ja! Ahora me descojono pensando en esos 660 metritos de nada sobre los que se alza Madrid. Y seguro que Merche se parte también con los 2640 de Bogotá. Pero yo de éstos si que no me río nada.
El caso es que mi cuerpo se está adaptando al nuevo ecosistema. Y no quiero ser escatológica, así que lo que tenga que ver con vísceras me lo guardo. Pero estoy notando algunas transformaciones interesantes. ¿Estaré mutando?
El primer síntoma es la licuación de mis mocos (independientemente de que ahora esté constipada hasta el punto de dormir con almohadas múltiples porque sufro el riesgo de morir ahogada en mi propia mucosidad mientras duermo). Prefiero las piedras de Madrid. Y es que, no sólo de sólidos y líquidos va la cosa. El aire de esta ciudad debe estar tan lleno de mierda. Cada vez que me sueno (cosa que por cierto aquí no se debe hacer en público porque es una falta de respeto terrible; pero a mí se me olvida y me voy sonando cada vez que lo necesito), miro hipnotizada el color de lo que sale de mi nariz. ¡Mocos grises!, como un amasijo de polvo y arena, y yo qué sé qué.
Lo sé, dije que no quería ser escatológica, pero es que estoy muyn sorprendida.
Y ese mismo aire cargado de mierda está consiguiendo la segunda mutación. Mi cara. Por lo general, no soy una persona que tenga granos. Ni en la peor adolescencia. Como mucho después de un gran atracón de chocolate (algo que, como buena mujer, confieso que hago con frecuencia) me sale un granito. Lo que he descubierto en Bogotá es el concepto Punto Negro, es decir, que la mierda se te mete en los poros, y ahí se queda. Se acomoda y se mezcla con tu grasa facial, y su aspecto es igual de gráfico que su nombre. Una guarrada, vaya.
Y yo no sé si los demás lo notan o seré yo que ando obsesionada, pero me voy corriendo a comprar un exfoliante, un expectorante, y todos los antes que hagan falta para combatir la polución.
¡Bendita lluvia! ¿Cómo sería la transformación si no se limpiara esto cada día con el agua?

2 comentarios:

JTeacher dijo...

Por casualidad he encontrado tu blog y aprovecho unas horas de tranquilidad mañanera para ponerme al día en tus aventuras.

Sigue escribiendo y colgando fotos!!! Una alegría leerte.

Besos,

Javi-al-Maroc

Anónimo dijo...

¡Grande, Lu! Hablando de estas cosas que tanto me gustan a mí y de las que tanto me acordaba yo el año pasado cuando vivía al nivel del mar. :-)

Un besote!