Leyendo números romanos

Uno se cree que en una reunión organizada por organismos multilaterales (BID – OMC) se encontrará rodeado de gente competente. Representantes de los gobiernos caribeños y sudamericanos, y Lluc y yo, sin saber qué decir cuando nos pasen el micro para presentarnos. Consejeras de comercio exterior de la Oficina, bla, bla, bla, que es lo que pone en nuestra tarjeta, pero, por favor, que nadie nos haga decir nada más.

Y un tipo poseído por el mismo mal mediático que Chávez o Castro, pero a la colombiana, empieza a hablar del acceso a los mercados, la regulación de la OMC, y explica al modo Barrio Sésamo las diferencias entre una barrera arancelaria y otra no arancelaria, osease, lo único que me quedó claro después de seis meses de máster. Intenta que su publico participe, y éste lo hace, como niños empollones que responden con orgullo, ésta me la sé. Y yo, que no sé nada de comercio exterior, siento vergüenza ajena de lo que oigo.

La mejor parte llega con una transparencia que muestra las equivalencias de cada país con un número romano único. Entonces, nuestro showman pregunta “¿Quién sabe leerlos? A ver, Argentina por ejemplo” (LXIV). “¡Sesenta y cuatro!”, responde un alumno pelota. “Pero, ¿se lo sabe, o es que lo sabe leer?” Pregunta de nuevo el animador. Y otra vez, “Chile, éste es fácil, ¡el siete!”, se contesta a sí mismo también con cierta sensación de satisfacción. “Y... ¿Panamá? Que responda su responsable, y no le vayan a ayudar, ¿eh?” (CXLI).

Ay, Lluc, ¿dónde nos hemos metido?

Y al pregunta se repite por culpa del frío que hace en esta sala de hotel, y se vuelve a repetir cuando, todos juntos, guiados por nuestro pastor comenzamos a analizar los artículos del GATT.
Ay, Lluc, ¿dónde nos hemos metido?
Nuestro anfitrión, como Castro, no sabe lo que es el tiempo. Y los minutos pasan, pero las diapositivas no. Y su entonación, a pesar de ser exagerada, exaltándose en unos momentos, y volviéndose suave en otros, se convierte en monótona para mis oídos. Y mueve las manos a la manera del profesor Mata. Y pienso en Kilo, y deseo que esté aquí para que tengamos que salir de la sala meados de risa por culpa de Marvin Gaye.
Pero dejo de prestar atención porque me pesan los ojos, que no los párpados, y estoy cansada, pero los bostezos me los tengo que tragar para dentro.
(Si queréis ver toda una obra de arte en las manos de la representante venezolana, visitad este enlace: las uñas)

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