De toda la vida el 8 de enero era un día marcado, era el cumple de Pat Mateos, y además, pro lo general, volvían a empezar las clases después de navidad.
Hace un año me desperté inquieta, empezaba el máster. Después de invertir energías en una apuesta personal de la que no estaba segura, meses de procesos de selección, decisiones difíciles, volver de Londres, volver a Madrid, empezar un proyecto a medio plazo... Después de todo, hace un año empezaba la competición.
Y ese primer día fue de absoluto desconcierto. Caras, nombres, nervios.
Grupo de tarde, eso ya lo sabía. Lo que no sabía era que después de la charla de bienvenida nos harían empezar ese mismo día. Así que, después de comer, y con la comida aún atragantada, fui al aula que me indicaron, Grupo F.
Para mí la beca eran dos años de vivir fuera, el máster era algo de lo que aprendería, y que trataría de aprovechar, pero lo concebía como un trámite más de ese proceso de selección en el que todos son rivales de todos. 240 plazas, 280 personas, y yo, que no quería quedar fuera, por la oportunidad, por la autoestima.
Y sin embargo, muy pronto descubrí que el grupo F nada tenía que ver con la hostilidad, el fanfarroneo y las zancadillas que esperaba. Muy al contrario, encontré 39 personas que convirtieron los 6 meses de trámite en 6 meses de ganas de ir al ceco cada día para encontrarme con ellos, a pesar de los agobios, a pesar de la presión, a pesar de todo.
Y de cada uno de ellos me ha quedado algo. Yo intenté devolver el favor con sonrisas, no sé si es suficiente.
Los nervios compartidos con Elsa.

Las pequeñas teorías de la vida, de Álvaro Alcalde.

Kiko y sus rizos, y jugar al laberinto de un pensamiento.

Pastora, Martirio, Tere Banyuls.

Una notita de Roberto, el día que me cambié de sitio.

Niña del sur, Merche.

La generosidad de Rubén. Bocanadas de aire en la asfixia.

Erika y un grito de batalla eficaz, hua, hua, hua.

Salva, siempre risueño.
Irma soltándose el pelo, oh, oh, oh.

La sonrisa tímida de Ana parece estar siempre envuelta en hoyuelos.
Cada una de las veces que Mario fue amable conmigo.
Las botas de cowboy y la presencia discreta de Manuel.
Aprender de Luis cada una de nuestras diferencias, y después, aprender a querernos precisamente por ellas.Diego Fernández, un viaje del desconcierto a la sorpresa, agradable.

Chevi y sus preguntas. Chevi siempre consiguiendo que me ponga colorada.
La timidez de Rosa.

De Lino la música, un cómplice. Un mito más para mi colección.

Álvaro Gonzalez-Ripoll y el poder del 83.

Esa comida que nos hiciste en tu casa, Ainara. La amá siempre has sido tú.

Jugar con Enrique, como niños.

Ulises, siempre dispuesto, siempre atento, siempre con una sonrisa a punto de escapársele.

El día que Georgia confió en mí para llorar.

Encarni, una AMIGA inesperada.

Wero, la elegancia de un felino jugando al balón.

Álex, la quintaesencia de los Fenómenos.

Tere Muñoz y confidencias de baño de bar. ¡Joder, qué fuerrte!

La calma en los abrazos de Diego. ¡Hola, Ola!

La presencia de Pamies.

Carlos, híbrido entre Chicho Terremoto y Yoda.

La insospechada fuerza de Martina.
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María los días que vestía color pastel.

Mi pequeña Camino toda entera.

El silencio de Elena.

El compañerismo de Alvaro Torres, su buen humor, sus ánimos.

Cris Tris, la sonrisa enorme en la cara de una muñeca.

Los papelitos de colores de Eva.
Chicos, gracias.








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