Desde hace unos días tengo casa nueva.
Un viento asiático trajo a mi padre hasta Bogotá. Y como un tornado a la inversa, al marcharse dejó mi casa llena de cosas.
Ya no estoy sola, me acompañan tres plantas. Y como siempre he oído que a las plantas para que estén bonitas hay que hablarlas, pues yo las hablo. A la que más, a Carmen, la más grande. Y le he puesto nombre por no sentirme tan estúpida y enterrar algunas rabias.
Estaba un poco preocupada por el Loro Manolo. Quizás le molestaría compartir el espacio bajo la escalera. Pero creo que se llevará bien con Carmen, les he oído cuchichear por las noches.

Mi casa ahora está llena de calor y canela, como lo está siempre mi cuarto en Madrid, y como lo estuvo el de Londres después de un tiempo.



1 comentarios:
Hola, soy Edu, compañero del ceco, no sé si te acordarás de mí, de la clase de tu compi Pablo (eso es suerte con los compañeros de destino!). Me encanta tu blog, tus fotos y como escribes, así que, si no te importa, meteré el link en el mío. Espero que lo estéis pasando muy bien por esas tierras, aunque con el Pablo se lo pasa uno bien hasta en las clases de contabilidad... Dale un abrazo de mi parte.
Saludos desde Kiev.
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