Hoy es un día especial, es el cumple de Lluc.
Yo no estuve en Bogotá durante el mío, así que mamma Lluc ha decidido compartir su día conmigo para que las dos tuviéramos fiesta.
Golosas las dos, soñamos con hacernos una tarta a la carta. La más rosa y pomposa que pudiéramos encontrar. Pero se nos echó el tiempo encima (será que tenía que ser, como dice mi abuela) así que acabamos encargando dos tartas discretas en lo visual y deliciosas en el paladar.
Pero hoy es su día, no el mío. Y no ha sido la tarta que ella quería ni el día que hubiera querido tampoco. Pero para eso se va unos días a Hawaii, para celebrarlo por todo lo alto.
Lluc y yo hemos sido compañeras no sólo de oficina, sino de penas y risas, de descargas, y sobre todo cómplices en un grito de guerra: "¡Los odio, los odio, los odio!; ¡joder, joder, joder!; ¡puta, puta, puta!". Que parecerá una tontería, pero descarga. Así que cada vez que las cosas no fluyen con naturalidad y sobre todo fluyen a través de mil obstáculos, Lluc y yo rezamos nuestra oración y parece que la rabia sale más fácil.
Lluc es una mamma sin niños. Ya llegarán, no lo dudo, pero por ahora ensaya con aquellos a los que decide adoptarnos. Y entonces yo la llamo llorando, con un ataque de ansiedad horrible porque nena, ahora me tengo que ir a no sé dónde a rellenar no sé qué casilla para recoger a Genoveva de las aduanas, porque ayer no lo hicieron bien. ¡Me voy a España! Pero, entonces, mamma Lluc me tranquiliza, y viene a darme un abrazo, y me lleva a su casa, me llena el bolso con coca-cola light y chocolates para sobrevivir dos horas de taxi, y me acompaña hasta el fin del mundo a rellenar la puta casilla 43.
Y yo sé que no lo está pasando bien en Bogotá, y me da rabia y pena. Pero ahora viene su familia, y espero que le hagan todos los mimos, y viaje con ellos por Colombia y se enamore de estos paisajes de la misma manera que yo lo he hecho. Y sí, aquí casi todo es una mierda, pero yo quiero enseñarle que a veces aquí también hay magia, para que lo disfrute, para que cuando se vaya de aquí llore también de pena y no sólo de alegría.
Nena, ¡felicidades!
Yo no estuve en Bogotá durante el mío, así que mamma Lluc ha decidido compartir su día conmigo para que las dos tuviéramos fiesta.
Golosas las dos, soñamos con hacernos una tarta a la carta. La más rosa y pomposa que pudiéramos encontrar. Pero se nos echó el tiempo encima (será que tenía que ser, como dice mi abuela) así que acabamos encargando dos tartas discretas en lo visual y deliciosas en el paladar.
Pero hoy es su día, no el mío. Y no ha sido la tarta que ella quería ni el día que hubiera querido tampoco. Pero para eso se va unos días a Hawaii, para celebrarlo por todo lo alto.
Lluc y yo hemos sido compañeras no sólo de oficina, sino de penas y risas, de descargas, y sobre todo cómplices en un grito de guerra: "¡Los odio, los odio, los odio!; ¡joder, joder, joder!; ¡puta, puta, puta!". Que parecerá una tontería, pero descarga. Así que cada vez que las cosas no fluyen con naturalidad y sobre todo fluyen a través de mil obstáculos, Lluc y yo rezamos nuestra oración y parece que la rabia sale más fácil.
Lluc es una mamma sin niños. Ya llegarán, no lo dudo, pero por ahora ensaya con aquellos a los que decide adoptarnos. Y entonces yo la llamo llorando, con un ataque de ansiedad horrible porque nena, ahora me tengo que ir a no sé dónde a rellenar no sé qué casilla para recoger a Genoveva de las aduanas, porque ayer no lo hicieron bien. ¡Me voy a España! Pero, entonces, mamma Lluc me tranquiliza, y viene a darme un abrazo, y me lleva a su casa, me llena el bolso con coca-cola light y chocolates para sobrevivir dos horas de taxi, y me acompaña hasta el fin del mundo a rellenar la puta casilla 43.
Y yo sé que no lo está pasando bien en Bogotá, y me da rabia y pena. Pero ahora viene su familia, y espero que le hagan todos los mimos, y viaje con ellos por Colombia y se enamore de estos paisajes de la misma manera que yo lo he hecho. Y sí, aquí casi todo es una mierda, pero yo quiero enseñarle que a veces aquí también hay magia, para que lo disfrute, para que cuando se vaya de aquí llore también de pena y no sólo de alegría.
Nena, ¡felicidades!



1 comentarios:
Creo que las dos lloraremos de pena el 1 de junio, cuando yo me vuelva y te deje aquí, sola con todos estos niños...
Que conste que eres buen entrenamiento como mamá, aunque tú también me haces las veces de madre a mi. Porque, mis momentos de desesperación serían insufribles sin ti.
Un beso grande
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