Apenas he dormido una hora. Pero no es de sueño que tengo los ojos hinchados.
Me pasó en Madrid, en una esquina de Alberto Aguilera. Me niego a despedirme de Encarni. Y no quiero llorar, pero no me aguanto las lágrimas. Y quiero creer que podemos hacer como si mañana volviéramos a vernos, pero las dos sabemos que no.
La abrazo y la beso, casi como un novio triste, y me subo al taxi que me llevará al aeropuerto. La última imagen se parece a la primera, por la misma calle, esta vez de noche, y en la dirección contraria, me despido de Encarni con las manos desde el otro lado del cristal, el del taxi, el de su portal.



1 comentarios:
Creo que no olvidarás nunca este cumpleaños, nena, ¡¡¡qué viaje!!! Es normal que te dé tanta pena despedirse de gente que te quiere tanto y te trata tan bien. Espero que la vuelta a Bogotá esté siendo muy dulce.
Un beso.
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