Hacer el cafre en una playa de postal tiene su gracia, lo reconozco. Jugar a ser un seriff de mentira con una estrella verdad; construir castillos de arena con la que expulsa la rueda de la moto al enterrarse; y conocer un pirata cojo, con muletas y sin pata de palo, negro como la noche, y con rastas largas como una noche de espera, que nunca deja de fumar, pero nunca fuma tabaco.
Providencia, ¡gracias!
Providencia, ¡gracias!



3 comentarios:
Lo que no me podía ni imaginar es que la llegada del chaval te hiciera a tí más infantil... creía que serías una responsable hermana mayor, en lugar de eso a jugar con la motito y tal...
ojalá todos pudieran tener una hermana como tú.
L.E.G.
Nena, la verdad es que viendo toda tu colección de fotos de este año valió la pena lo que tuvimos que hacer por poder tener a Genoveva...
Estoy tan contenta de ver todo lo que estás haciendo, tanto tanto, que hasta casi no tengo envidia (sana) de que hayas visto ballenas...
Un beso muy grande y, ahora sí que empieza tu cuenta atrás.
La verdad es que yo también me sorprendo de los regalos fantásticos de Genoveva. Valió la pena, Lluc, y sin ti no hubiera sido capaz de enfrentar aquel día de pesadilla en que me salvaste de coger un avión y volverme. ¡Gracias!
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